Historia antigua

La caída de la dinastía Hohenstaufen y la era de las elecciones saltantes

Este artículo profundiza en la decadencia de la dinastía Hohenstaufen, el período de interregno que siguió y la etapa conocida como "elecciones saltantes", en la que el Sacro Imperio Romano Germánico quedó a merced de la voluntad de los príncipes electores.

La caída de la dinastía Hohenstaufen y el interregno

Durante las campañas italianas, los emperadores Hohenstaufen sufrieron una serie de fracasos que fortalecieron a los príncipes alemanes. La pérdida de autoridad imperial provocó, entre 1256 y 1273, un vacío de poder que se conoce como el interregno.

Reinado de Federico II

Federico II, hijo de Enrique VII, se enfrentó desde el principio a la Iglesia. El papa Inocencio III lo excomulgó y apoyó al rival de la casa Welf, Otón IV. Tras la muerte de Inocencio III, el nuevo pontífice Honorio III reconoció a Federico como emperador y nombró a su hijo Enrique VII rey de los romanos.

La relación entre el Imperio y los Estados papales era siempre tensa: el territorio imperial rodeaba al Reino de Sicilia al sur y a los Estados papales al norte. Los conflictos con los papas Gregorio IX y luego con otros pontífices se intensificaron, especialmente cuando Federico apoyó a la Liga Lombarda contra el papado.

Tras la muerte de Enrique VII, su hijo Conrado IV asumió el trono, pero siguió enfrentándose a la oposición papal. Los intentos de los príncipes de nombrar reyes antipapa, como Guillermo II de Holanda, sólo aumentaron la inestabilidad.

Comienzo del interregno

La muerte de Federico II en 1250 dejó un testamento que nombraba a Conrado IV como sucesor en Sicilia y a su hermano Manfredo como regente. Sin embargo, Conrado murió en 1254 y Manfredo, que gobernaba Sicilia, continuó en conflicto con el papado.

Con la ausencia de un heredero fuerte, el Imperio quedó sin emperador reconocido. El joven Conradino, de apenas dos años, era el único posible heredero de la casa Staufen, pero su posición se limitó al trono siciliano y nunca llegó a ser coronado como rey de los romanos.

El vacío se prolongó hasta 1273, cuando los príncipes electores buscaron una solución que limitara el poder central.

Fin de la casa Staufen

El papa, aprovechando la debilidad imperial, apoyó a Carlos de Anjou (hijo de Luis IX de Francia) para que tomara el trono siciliano. Tras la muerte sospechosa de Conradino y la derrota de Manfredo a manos de los franceses, la rama alemana de los Hohenstaufen desapareció.

Con la extinción de los Staufen, el Sacro Imperio quedó sin una dinastía dominante y se encaminó hacia una estructura más descentralizada, en la que los príncipes ejercían una influencia decisiva.

La era de las elecciones saltantes (1273‑1437)

El interregno dio paso a un nuevo modelo de sucesión: la elección saltante. Los príncipes electores elegían al rey de los romanos, pero ninguno de los elegidos lograba consolidar un gobierno imperial duradero.

El primer rey electo fue Rodolfo I de Habsburgo, seguido por Adolf de Nassau, Alberto I (también Habsburgo), Enrique VII de Luxemburgo, Luis IV de Wittelsbach, Federico III de Habsburgo y Carlos IV de Luxemburgo, entre otros. En total, doce monarcas fueron elegidos, pero solo la mitad llegó a ser coronada como emperador.

  1. Rodolfo I (Habsburgo)
  2. Adolf (Casa de Nassau)
  3. Alberto I (Habsburgo)
  4. Enrique VII (Luxemburgo)
  5. Luis IV (Wittelsbach)
  6. Federico III (Habsburgo)
  7. Carlos IV (Luxemburgo)
  8. Wenceslao IV (Luxemburgo)
  9. Ruprecht (Wittelsbach)
  10. Jobst (Luxemburgo)
  11. Sigismundo (Luxemburgo)

Esta constante rotación provocó una gran inestabilidad política. La falta de una dinastía estable permitió que, más tarde, surgieran diferencias confesionales (catolicismo vs. luteranismo) que desembocarían en la Guerra de los Treinta Años.

La Bulla de Oro y la consolidación del proceso electoral

Fue Carlos IV quien, en 1356, emitió la Bulla de Oro, fijando de manera definitiva los siete electores del Imperio: el arzobispo de Maguncia, el arzobispo de Colonia, el arzobispo de Tesalónica, el conde palatino, el duque de Sajonia, el margrave de Brandeburgo y el rey de Bohemia. Esta normativa estabilizó el mecanismo de elección, aunque no eliminó las disputas entre facciones.

El Ostsiedlung: expansión hacia el este

Paralelamente, los señores alemanes impulsaron la colonización del este (Ostsiedlung) a partir del siglo XI. Cruzando ríos como el Elba y la Saara, y asentándose en bosques bohemios, los colonos alemanes fundaron pueblos y ciudades, integrando a poblaciones eslavas y magiares.

Uno de los agentes más relevantes fue la Orden Teutónica, fundada inicialmente como una orden hospitalaria para atender a peregrinos y cruzados germanos. Con el tiempo, la orden recibió derechos territoriales en Prusia y se convirtió en una de las tres grandes órdenes militares de la Europa medieval.

El proceso de Ostsiedlung también benefició a regiones como Austria y Brandeburgo, sentando las bases de los futuros estados alemanes.

Con la extinción de los Hohenstaufen y la institucionalización de las elecciones, el Sacro Imperio quedó como una entidad política fragmentada, vulnerable a interferencias externas. Esta fragilidad quedó patente cuando, a finales del siglo XVIII, la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas pusieron fin definitivo al Imperio en 1806.