A principios del siglo XIX, Europa vivía un fuerte aumento demográfico: la tasa de natalidad crecía, la mortalidad disminuía y la esperanza de vida se alargaba gracias a mejoras en la alimentación, la higiene y la medicina.
Al final del siglo XVIII, el noroeste europeo experimentó la Revolución Industrial, especialmente en los sectores textil y del carbón, lo que generó un periodo de gran expansión económica.
1845‑1847: crisis agraria, financiera e industrial

Desarrollo de la crisis
- 1845: El mildiú velloso, un hongo parasitario de la papa, provocó graves pérdidas de cosechas en el noroeste de Europa, sobre todo en Irlanda. Inglaterra obligó a exportar los escasos alimentos, lo que disparó los precios y redujo el poder adquisitivo. Al ser la papa el alimento básico, se desató una hambruna catastrófica que causó numerosas muertes y obligó a muchas fábricas a reducir su producción, aumentando el desempleo.
- Ese mismo año, una crisis financiera sacudió la región debido al estallido de una burbuja especulativa. Los inversores habían apostado fuertemente por las ferrocarriles, pero los retornos fueron inferiores a lo esperado y el valor de las acciones se desplomó.
Consecuencias
- La hambruna, vinculada a la crisis industrial y financiera, provocó la muerte de más de un millón de personas.
- Dos millones de irlandeses emigraron a Gran Bretaña, Estados Unidos, Australia y Canadá.
- La crisis alimentó un movimiento revolucionario conocido como la Primavera de los Pueblos, que impulsó demandas de mayor libertad y unidad nacional en Francia, el Reino de Prusia, los estados alemanes y el Imperio Austriaco.