Historia antigua

La conspiración de los Illuminati en la Baviera del siglo XVIII

La conspiración de los Illuminati en la Baviera del siglo XVIII

Adam Weishaupt, fundador de los Illuminati bávaros (a la izquierda, el búho de la diosa Minerva). Fuente: Wikimedia Commons

Adam Weishaupt, el fundador

Hasta los 36 años Adam Weishaupt llevó una vida respetable de burgués alemán del siglo XVIII. Nació en 1748 en Ingolstadt, entonces parte del Estado independiente de Baviera, en una familia judía que se había convertido al cristianismo. Huérfano de pequeño, su tío lo envió a un colegio jesuita, donde recibió una educación rigurosa. Tras graduarse, ingresó como profesor de derecho eclesiástico en la universidad de su ciudad natal, se casó y formó una familia.

Sin embargo, en 1784 el gobierno bávaro descubrió que el profesor, bajo la apariencia de respetable académico, estaba organizando una conspiración subversiva y ordenó su persecución y captura.

Los orígenes de los Illuminati

Weishaupt, inquieto de temperamento, tuvo acceso desde muy joven a las obras de los filósofos franceses que estaban en la biblioteca de su tío. Convencido de que la monarquía y la Iglesia manipulaban a la población para mantenerla sumisa, buscó una nueva forma de “ilustración” que sustituyera a la religión como base del gobierno.

En el siglo XVIII la masonería se expandía rápidamente por Europa, sobre todo en Alemania. Weishaupt intentó unirse a una logia sin éxito y, decepcionado, se adentró en lecturas esotéricas sobre los Siete Sabios de Menfis, la Cábala y los misterios de Osiris. Así decidió fundar una sociedad secreta: la Orden de los Iluminados, también conocida como el Círculo de Perfectibilistas.

Banqueros y poetas

El 1 de mayo de 1776, en un bosque cercano a Ingolstadt y a la luz de antorchas, se reunieron los cinco miembros fundadores: Adam Weishaupt y cuatro de sus estudiantes. Allí se redactaron los primeros estatutos. La adhesión no era voluntaria; requería el consentimiento de todos los miembros y estaba reservada a personas de buen nivel económico y social.

Inicialmente la orden contaba con tres grados: novicios, menores y menores iluminados. El nombre “minerval” hacía referencia a la diosa grecorromana de la sabiduría, Minerva, pues la organización pretendía difundir el verdadero conocimiento.

En pocos años la orden experimentó un gran auge. Para 1782 se estimaba que ya contaba con unos 600 miembros, entre ellos figuras destacadas como el barón Adolf von Knigge y el banquero Meyer Amschel Rothschild, quien financió generosamente la causa. La membresía se amplió a nobles, funcionarios, médicos, abogados, intelectuales y escritores, incluidos Herder y Goethe. A finales de 1784 los Illuminati afirmaban contar entre 2 000 y 3 000 miembros repartidos por toda Alemania.

La expansión de la jerarquía

Barón Adolf von Knigge, exmasón, introdujo en la orden rituales y nombres de carácter clásico: Weishaupt adoptó el pseudónimo “Espartaco”, von Knigge “Filón”, el juez Franz Xaver von Zwack “Cato”, etc. Además, se creó una jerarquía más compleja de 13 grados de iniciación, cada uno dividido en tres subniveles: menor iluminado, mayor iluminado y príncipe.

Según Weishaupt, la sociedad buscaba “liberar progresivamente a los cristianos de todos los prejuicios religiosos y cultivar las virtudes sociales para alcanzar una felicidad universal, completa y rápida”. Para ello, proponía un Estado donde “florecieran la libertad y la igualdad, sin los obstáculos que la jerarquía, el rango y la riqueza imponen”.

Traicionado por uno de los suyos

Las relaciones entre Weishaupt y von Knigge se deterioraron y el barón abandonó la orden. Al mismo tiempo, Joseph Utzschneider, otro iluminado, escribió a la Gran Duquesa de Baviera denunciando supuestas actividades conspirativas: que los Illuminati defendían la pasión sobre la razón, el suicidio, el envenenamiento de enemigos, la ridiculización de la religión y el patriotismo, e incluso conspiraban a favor de Austria.

Alertado, el Elector de Baviera promulgó en junio de 1784 un edicto que prohibía la creación de sociedades no autorizadas y ordenó el cierre de todas las logias masónicas. En marzo de 1785 se emitió un segundo edicto que prohibía expresamente la existencia de los Illuminati. La policía realizó numerosas detenciones y allanamientos, encontrando documentos incriminatorios como un tratado a favor del suicidio y el ateísmo, planes para una rama femenina, fórmulas de tinta invisible y venenos, entre otros. La prensa utilizó estas pruebas para acusar a la orden de conspirar contra la religión y el Estado.

En agosto de 1787 el Elector emitió un tercer edicto que confirmaba la prohibición total y establecía la pena de muerte para quien se adhiriera a cualquier secta.

El fin de los Illuminati

Weishaupt se refugió en Gotha, en el pequeño principado de Sajonia‑Alburquerque, donde publicó varios escritos en defensa de los Illuminati, sin lograr revertir la represión. La orden quedó disuelta; algunos miembros escaparon y fundaron logias que, según algunos historiadores, influyeron en la creación de los Estados Unidos.

Los pasos hacia la Ilustración

La compleja organización de la orden se estructuró en 13 grados, adaptados del modelo masónico bajo la influencia de von Knigge:

  • Primera clase: Novato → Minerval → Estatutos.
  • Segunda clase: Aprendiz → Compañero → Maestro → Iluminado mayor → Gobernante iluminado.
  • Tercera clase: Sacerdote → Regente → Mago → Príncipe.

Bibliografía: R. Le Forestier, Los Illuminati bávaros y la masonería alemana, Archè, 2001.

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