
En el puerto de Brest, el plancton cuenta gran parte de la historia del siglo XX. Estos microorganismos que flotan en el agua de mar fueron modificados después de la Segunda Guerra Mundial, dando lugar a especies tóxicas. Un equipo del Ifremer (Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar), que había detectado la presencia persistente de una microalga tóxica en el puerto, quiso averiguar su origen.
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Los investigadores realizaron tres sondeos de sedimentos y extrajeron el ADN de comunidades de plancton antiguas, lo que les permitió reconstruir su evolución desde la Edad Media. Hasta los años 1940‑1950, convivían distintas especies, pero las tóxicas eran minoritarias. Tras la guerra, la microalga Alexandrium minutum aumentó notablemente, provocando prohibiciones en la venta de mariscos y ostras. “El cambio alrededor de 1945 es irreversible: el plancton medieval ha desaparecido casi por completo”, subraya Raffaele Siano, investigador en ecología molecular del plancton marino, quien lideró el estudio junto a historiadores de la Universidad de Brest.
Más de 30.000 toneladas de bombas
Los análisis de metales pesados en los sedimentos revelaron concentraciones de níquel y cromo directamente vinculadas a la contaminación provocada por la guerra, en especial por los bombardeos. Niveles similares se han encontrado en otros sitios, como Pearl Harbor, bombardeado por Japón en 1941. Sin embargo, Brest fue una de las ciudades más afectadas durante la Segunda Guerra Mundial: sufrió 165 bombardeos entre 1940 y 1944, y se lanzaron más de 30.000 toneladas de bombas, principalmente por los Aliados que buscaban neutralizar la base submarina alemana. La ciudad, totalmente destruida, experimentó una posterior reconstrucción, pero el plancton no ha recuperado su composición prebélica. Además, los pesticidas vinculados a la contaminación agrícola han agravado los cambios iniciados por la guerra.