Orígenes institucionales
El primer país en definir la profesión de historiador a nivel institucional fue Alemania. En 1819, el exministro von Stein fundó en Berlín la Gesellschaft für Deutschlands ältere Geschichtskunde (Sociedad para la Historia Antigua de Alemania), la primera sociedad histórica europea dedicada a recopilar y publicar fuentes para la historia nacional y a promover científicamente su estudio.
En comparación, Inglaterra parecía retrasada: a mediados del siglo XIX sólo las universidades de Oxford y Cambridge contaban con cátedras de historia, en su mayoría honoríficas y sin dinamismo ni figuras de renombre europeo.
Durante el siglo XX, los historiadores alemanes se alejaron de las narrativas épicas y nacionalistas para adoptar cronologías más realistas. En Francia surgió la historiografía cuantitativa, que utiliza grandes volúmenes de datos para perfilar la vida de individuos típicos y contribuyó al desarrollo de la historia cultural. En Estados Unidos, impulsados por la era de los derechos civiles, se centraron en grupos étnicos, raciales y factores socio‑económicos antes ignorados.
Leopold von Ranke y la historia científica
Leopold von Ranke (1795‑1886), profesor de historia en la Universidad de Berlín desde 1823 hasta su muerte, es considerado el historiador alemán más influyente del siglo XIX. Su método se basa en el principio de que la historiografía “científica” debe fundamentarse, por encima de todo, en fuentes primarias –archivos y documentos originales– en lugar de bibliografía secundaria.
Ranke sostenía que el historiador debe limitarse a describir los hechos tal como fueron («wie es eigentlich gewesen»), sin distorsionarlos con hipótesis interpretativas propias. Según él, cuando el historiador usa el pasado para promover ideas sobre cómo deben comportarse las personas, la imagen resultante del pasado se vuelve falsa y sesgada. El objetivo del historiador es, por tanto, “mostrar cómo fueron realmente las cosas”.
De este planteamiento se deduce que cada periodo histórico es único y debe entenderse en su contexto relativo, sin juicios a priori de superioridad o inferioridad. Para Ranke, “no existen épocas inferiores o superiores; todas deben ser comprendidas en su especificidad”.