Yo soy Ciro, rey del mundo, gran rey, poderoso rey, rey de Babilonia, rey de la tierra de Sumer y Acad, rey de los cuatro puntos cardinales, hijo de Cambises, gran rey, rey de Anshan, nieto de Ciro, gran rey de Anshan, descendiente de una línea real infinita… Cuando quise, entré en Babilonia y establecí mi residencia soberana en el palacio real, rodeado de júbilo y felicidad. Mis numerosas tropas marcharon pacíficamente por la ciudad; no permití que nadie asustara la tierra de Sumer y Acad y los liberé de un yugo que no les correspondía.
Restauré sus hogares derruidos, puse fin a sus desgracias y devolví a sus habitantes a sus ciudades, desde Ashur, His, Eshnuna, Zamabn, Meurnu y Der, hasta la lejana región de Gutium. Reconstruí los santuarios sagrados que habían permanecido en ruinas durante mucho tiempo y devolví a los dioses a sus eternos templos.
Descubrimiento del cilindro de Ciro
En 1879, durante las excavaciones del templo de Marduk en Mesopotamia, se halló un cilindro de arcilla cocida de 22 cm de altura. Su inscripción cuneiforme de 45 líneas, una vez descifrada, reveló una declaración que garantizaba la liberación de los pueblos conquistados, emitida por Ciro II, conocido como Ciro el Grande (590‑529 a.C.), fundador de la dinastía aqueménida, tras su conquista de Babilonia.
Política de tolerancia
Ciro aplicó en su vasto imperio, caracterizado por la diversidad de lenguas, religiones y culturas, una política de tolerancia y liberalismo sin precedentes. Entre otras cosas, permitió que los judíos deportados a Babilonia después de la destrucción de Jerusalén en 586 a.C. por el rey Nabucodonosor regresaran a Palestina y reconstruyeran su templo. Por ello, el profeta Isaías lo consideró un ungido del Señor, destinado a liberar a su pueblo, y lo menciona en el Antiguo Testamento.
El cilindro como primera carta de derechos humanos
El cilindro de Ciro (539 a.C.) es considerado el primer documento de derechos humanos de la historia. Desde Babilonia, la idea de derechos se difundió rápidamente hacia la India, Grecia y, finalmente, Roma. Más de mil años después, la Magna Carta, firmada en 1215 por el rey Juan de Inglaterra, consagró nuevos derechos individuales.
Los artículos del cilindro, cuyo original se conserva en el British Museum de Londres y cuya réplica se exhibe en el edificio de las Naciones Unidas de Nueva York, han sido objeto de debate sobre su traducción e interpretación, pero influyeron directamente en los primeros cuatro artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos.