La Rebelión de los Bóxers, también conocida como la Guerra de los Bóxers, fue un levantamiento popular de carácter xenófobo y tradicionalista contra la presencia cristiana y occidental. Se desarrolló en la mayor parte de las provincias del norte de China entre finales de 1899 y 1900.
El conflicto tuvo lugar bajo la dinastía Qing y buscaba expulsar a los extranjeros del territorio chino. Contó con el apoyo encubierto de autoridades locales y, según algunas fuentes, de la propia emperatriz viuda Cixi.
¿Quiénes eran los Bóxers?
El término “Bóxers” proviene de los extranjeros, que lo compararon con el boxeo. En realidad, pertenecían a varias sectas secretas chinas que se autodenominaban Yihequan (Puños de Justicia y Concordia). Eran un grupo ultranacionalista que practicaba artes marciales como muestra de fuerza, reclutando a jóvenes desempleados, especialmente en áreas rurales afectadas por la sequía.
Causas y consecuencias
Tras la derrota china en la guerra sino‑japonesa (1894‑1895), China perdió territorios como Taiwán y Manchuria, y Corea proclamó su independencia. Además, la creciente explotación económica de potencias occidentales inundó al país con productos modernos y valores ajenos, generando descontento.
El otorgamiento de privilegios legales y económicos a los extranjeros —como la extraterritorialidad, que los eximía de la legislación china— también provocó gran resentimiento.
Factores estructurales, como la vulnerabilidad a desastres, la pobreza generalizada y la incapacidad del gobierno Qing para mantener el orden, alimentaron la revuelta.
Al final del conflicto, China se vio obligada a aceptar duras imposiciones: ejecución de funcionarios y militares vinculados a los Bóxers, prohibición de cualquier actividad hostil contra extranjeros, cesión de fortalezas y ferrocarriles a control extranjero y una pesada indemnización a los vencedores.
Características principales
Inicialmente, la rebelión consistía en actos de sabotaje contra símbolos del poder occidental, como líneas telegráficas y ferrocarriles. En poco tiempo, los Bóxers intensificaron la violencia, asesinando a misioneros cristianos, conversos y ciudadanos europeos, incluyendo diplomáticos, y saqueando sus hogares y establecimientos. Se contabilizaron más de 230 víctimas extranjeras y miles de cristianos chinos.
Contexto histórico
Si bien actos vandálicos ya se habían extendido por el norte de China, el detonante se produjo en la provincia de Shandong el 17 de junio de 1900, cuando los Bóxers sitiaron las instalaciones diplomáticas extranjeras en Pekín durante dos meses.
En respuesta, las potencias occidentales (Hungría, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, Rusia, Estados Unidos y Japón) enviaron aproximadamente 20 000 soldados para tomar la ciudad. La invasión fue considerada una afrenta por la emperatriz, quien declaró la guerra a las potencias.
Entre julio y agosto se desató una intensa lucha entre las fuerzas extranjeras, los Bóxers y el ejército imperial. El 14 de agosto de 1900, los insurgentes fueron derrotados, Pekín fue ocupada y saqueada, incluida la Ciudad Prohibida. Ante esta situación, el gobierno Qing capituló el 7 de septiembre de 1901, aceptando los términos del “Protocolo de Pekín”.