Las causas que provocaron el estallido de la Segunda Guerra Mundial fueron múltiples.
Entre las más relevantes se encuentran la Gran Depresión, el descontento con el Tratado de Versalles, las ideologías fascista y nazi, y el expansionismo japonés.
Razones principales del conflicto
Gran Depresión
El colapso de la Bolsa de Nueva York desencadenó la Gran Depresión, que provocó la quiebra de unas cuatro mil entidades bancarias sólo en Estados Unidos.
El país registró 14 millones de desempleados y su ingreso nacional cayó un 50 %. Los salarios se redujeron un 40 %.
Estos problemas financieros, al ser la base de la economía mundial, se reflejaron en el resto del planeta.
En Gran Bretaña, donde las exportaciones disminuyeron un 70 %, tres millones de trabajadores quedaron sin empleo. En Italia fueron 1,3 millones y en Francia 3 millones.
Alemania, gravemente afectada, vio una caída del 39 % en su producción industrial y 7 millones de alemanes quedaron desempleados, además de registrar una de las inflaciones más altas de la historia del capitalismo.
Tratado de Versalles
Paralelamente a la crisis, el gobierno alemán sufría las consecuencias de la reorganización territorial impuesta tras la Primera Guerra Mundial y de las humillantes cláusulas del Tratado de Versalles.
Al concluir la Gran Guerra, la supremacía mundial estaba dividida entre Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos.
Inglaterra y Francia controlaban cientos de colonias en África y Asia; Estados Unidos aportaba el 50 % de la producción capitalista mundial.
En contraste, Italia y Japón estaban descontentos con la repartición territorial.
Para profundizar: crisis de 1929, Tratado de Versalles
Expansionismo japonés e italiano

Japón, con 70 millones de habitantes en un territorio limitado, buscaba asegurar el suministro de minerales y petróleo. Su solución fue la invasión de Manchuria y otras regiones chinas en 1931.
Italia, bajo el mando de Benito Mussolini entre 1922 y 1943, llevó a cabo la invasión de Abyssinia (actual Etiopía) en África.
Francia y Gran Bretaña intentaron, mediante negociaciones diplomáticas, evitar un nuevo conflicto. Sin embargo, ambos países aceptaron la redefinición territorial y, a través de la Sociedad de Naciones, precursor de la ONU, impusieron sus normas.
Al carecer de fuerzas militares propias, la Sociedad de Naciones se limitó a sanciones simbólicas; en el caso de la invasión japonesa a China, sólo ofreció apoyo moral.
Adolf Hitler y el nazismo
En Alemania, bajo el liderazgo de Adolf Hitler (1889‑1945), se impulsó una fuerte reconstitución del ejército, que llegó a contar con 800 000 soldados, superando en 700 000 el límite impuesto por el Tratado de Versalles.
La primera gran anexión alemana se produjo en 1936 con la Anschluss de Austria, bajo el pretexto de unir a la raza aria. En 1938, se incorporó el Sudetecho, territorio checo‑eslovaco.

El nazismo culpaba a los judíos de los males sufridos por el pueblo alemán.
Bajo el patrocinio de Hitler, la guerra comenzó con la sorprendente invasión de Polonia en 1939. En Europa el conflicto concluyó el 8 de mayo de 1945 y en Asia con la rendición de Japón en septiembre del mismo año.
La Segunda Guerra Mundial cobró la vida de aproximadamente 45 millones de personas.
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