Historia antigua

Esparta: historia, política, sociedad y educación

Esparta se ubicaba en el valle superior del río Eurotas, en la región de Laconia, al sur de la península del Peloponeso. La ciudad estaba rodeada de terreno montañoso, valles serpenteantes y empalizada que llegaban hasta la costa. Su territorio está atravesado por dos cadenas montañosas paralelas: el Monte Táygete al oeste y el Monte Parnón al este, entre las cuales fluye de norte a sur el río Eurotas. La propia ciudad de Esparta se asentó sobre sus orillas, algo alejada del mar.

Organización política de Esparta

La constitución espartina se atribuye al legislador Licurgo, quien, alrededor del 884 a.C., estableció el marco institucional que garantizó la grandeza de la polis.

Licurgo, el legislador

Se le reconoce una gran sabiduría y honestidad. Tras viajar por Creta, Egipto y Asia, donde adquirió amplios conocimientos, consultó el Oráculo de Delfos y a Apolo. Allí recibió la misión de redactar la constitución para los espartanos.

Los órganos de gobierno

Según la legislación espartana, el poder se distribuía entre cuatro instituciones: los reyes, la gerusía (senado), la asamblea y los eforos.

Los reyes

Había dos reyes, pertenecientes a familias distintas, con dignidad hereditaria. Uno ejercía el mando militar y el otro dirigía los ritos religiosos. Este sistema dual aseguraba un equilibrio de poderes, pues cada rey contrarrestaba al otro.

La gerusía (senado)

La gerusía estaba compuesta por veintiocho miembros de familias honorables, todos mayores de sesenta años. Eran elegidos por la asamblea y servían de por vida. Tenían funciones legislativas y, con el tiempo, fueron restando competencias a los reyes, que quedaron limitados al liderazgo militar.

La asamblea

Integrada por todos los ciudadanos mayores de treinta años, excluyendo a periecos y helotas. La asamblea elegía a los senadores y eforos, y aprobaba o rechazaba las leyes propuestas por la gerusía.

Los eforos

Son cinco magistrados elegidos anualmente por la asamblea. Su misión era vigilar que no se alterara la estructura política, proteger los privilegios de la clase dominante frente a reyes, periecos y helotas, garantizar la educación de la juventud y mantener el orden. También convocaban la asamblea y exigían cuentas a los reyes y oficiales.

Organización social

La invasión doria dividió a la sociedad espartana en tres grupos, diferenciados por motivos étnicos, políticos, económicos y culturales: los espartanos o iguales, los periecos (lacónicos) y los helotas.

Los espartanos o iguales

Primer grupo social, descendientes de los dorios que dominaron a los pobladores originales. Formaban una verdadera aristocracia; gracias a las reformas de Licurgo, todos eran iguales en rango y fortuna. No realizaban trabajos manuales, dedicándose exclusivamente al entrenamiento militar y a funciones políticas. Este privilegiado grupo no superaba los 9 000 individuos, pero concentraba todo el poder y los derechos de la ciudad.

Los periecos o lacónicos

Segundo grupo, libre pero con derechos limitados. Poseían tierras a cambio de un tributo anual, pero no podían participar en el gobierno. Eran antiguos propietarios sometidos pacíficamente; trabajaban en oficios artesanales, industriales, agrícolas y comerciales, y estaban obligados a pagar impuestos y a servir en el ejército durante la guerra. Su número rondaba los 30 000.

Los helotas

Considerados propiedad del Estado, eran una especie de siervos estatales que trabajaban la tierra para sus dueños. No podían abandonar la propiedad ni ser despedidos. Su situación era algo mejor que la de un esclavo: podían tener casa y familia en la parcela que cultivaban, y solo debían entregar una cuota anual de trigo, vino y aceite. El Estado los necesitaba tanto en tiempos de paz para la agricultura como en guerra para reforzar a los espartanos.

Educación espartana

En Esparta la educación estaba bajo control del Estado y su objetivo principal era formar soldados de excelencia. Desde el nacimiento, el infante era sometido a una comisión de revisión: los débiles y deformes eran abandonados en los acantilados del Táygete; los aptos regresaban a sus familias hasta los siete años. A partir de entonces, los niños pasaban a la custodia del Estado, bajo la supervisión de los pedagogos.

El programa incluía ejercicios físicos progresivos (saltos, carreras, lanzamiento de disco y jabalina, equitación, resistencia a la fatiga y a los golpes) y una formación espiritual: lectura, escritura y recitación de poemas homéricos y otros textos típicos de Esparta. Anualmente recibían azotes frente al altar de Artemisa y debían aceptar sin quejarse los retos para obtener el título de campeón.

A los 17 años los jóvenes ingresaban al ejército bajo juramento de lealtad al país, a los dioses y a las leyes. A los 30 años podían participar en la asamblea ciudadana y casarse, aunque la libertad plena les era restringida. El servicio militar era obligatorio hasta los 60 años. Cada soldado era un hoplita, y la disciplina incluía la participación en asambleas, el respeto a la autoridad y el uso preciso del lenguaje (laconicismo). La madre, considerada la última defensora del hijo, podía sacrificarse por la patria, y los despedidas a las madres eran típicas: «regresa con tu escudo o sobre él».

Publicación anterior