Introducción
El comercio colonial no se limitó al tráfico transatlántico; también existió un intenso comercio interno que durante mucho tiempo fue pasado por alto por los investigadores, que se centraron en el oro y la plata enviados a la metrópoli.
Flujos comerciales locales y regionales
En América surgieron rutas comerciales locales, regionales e intercoloniales destinadas a abastecer ciudades y centros mineros. El motor de estos flujos era la necesidad de las élites locales y regionales de disponer de fondos para pagar las importaciones europeas y cubrir otros gastos. La comunicación entre ciudades, centros de producción y sus mercados locales generó una gran actividad económica vinculada al comercio interno.
La cría y venta de mulas, la fabricación de carretas y otros medios de transporte movilizaban recursos y creaban empleo. Para mantener operativas las rutas se construyó una red de postas y mesones donde muleros, porteadores, comerciantes, mensajeros y escasos viajeros podían descansar, ya que el mal estado de los caminos dificultaba la comunicación.
Comercio intercolonial
A pesar de las prohibiciones, el comercio intercolonial era una realidad en los “mares interiores” del Imperio, tanto en el Caribe como en el Pacífico. La demanda de plata para pagar los productos europeos impulsó el traslado de mercancías a larga distancia dentro del continente.
Así, la yerba mate de Paraguay llegó a los mercados del Río de la Plata (Santa Fe y Buenos Aires), Chile, el Alto y Bajo Perú e incluso Quito. Debido a la existencia de aduanas internas y al elevado costo del flete, solo ciertos productos circulaban por estos circuitos.
Un circuito muy frecuente era el del Caribe, cuyos centros eran Veracruz y La Habana y que conectaba colonias tan dispares como México, Venezuela, Panamá y Cuba. A partir de 1622, el cacao de Maracaibo y Caracas se exportaba regularmente a México. Otro negocio importante era la redistribución de excedentes, es decir, los manufacturados europeos que los mercaderes de la flota no lograron vender y que los comerciantes cubanos revendían a otras colonias, pese a la prohibición de 1598 sobre el tráfico entre islas caribeñas.
Comercio del Pacífico (Mar del Sur)
El Pacífico, o Mar del Sur, albergaba dos sub‑circuitos: el mexicano y el peruano, con Panamá como punto de división. Los contactos entre El Callao, Guayaquil y Acapulco con Centroamérica eran frecuentes. Acapulco distribuía los productos orientales que llegaban a través del Galeón de Manila.
En 1591 la Corona prohibió el comercio entre México y Perú, medida reiterada en 1631 y 1634 para evitar que la plata peruana fluyera por Acapulco hacia Filipinas y Oriente en lugar de dirigirse a la metrópoli. A pesar de la prohibición, el intercambio continuó, lo que demuestra su escasa observancia.
El intenso tráfico marítimo del Pacífico sur fue amenazado por piratas, que obligaron a desviar rutas, sobre todo las que transportaban la plata de Potosí a Lima. El metal de Potosí se transportaba en mulas hasta el puerto de Arica, desde donde embarcaba a El Callado y la Armada del Mar del Sur lo enviaba a Panamá. Posteriormente se decidió trasladar toda la plata desde los depósitos del Alto Perú a Lima exclusivamente en mulas, a pesar del mayor costo y duración, por la considerable ganancia en seguridad.
Comercio local y mercado urbano
El comercio local conectaba los productos con el mayor número posible de consumidores y vinculaba las ciudades con los territorios circundantes que les suministraban alimentos frescos (carnes, lácteos y verduras). En las ciudades de mayor importancia existían mercados donde se comercializaban estos bienes, rodeados de vendedores, compradores, funcionarios municipales encargados de cobrar tasas y de vigilar pesos y medidas, guardias, inspectores y jueces.
En los márgenes de las ciudades había mataderos donde se sacrificaban los animales destinados al mercado. Los pueblos indígenas también mantenían sus propios mercados.
Otro componente esencial del comercio urbano era el mercado inmobiliario. No solo se comerciaba con mercancías, sino también con inmuebles: tiendas y locales se compraban y alquilaban continuamente, especialmente en los centros urbanos, siendo los inmuebles cercanos a la plaza mayor los más valorados.