Historia antigua

Los Vísperas Sicilianos: el oro bizantino, la mujer y la matanza salvaje

Los Vísperas Sicilianos: el oro bizantino, la mujer y la matanza salvaje

Contexto histórico

Los Vísperas de Sicilia fueron la revuelta del pueblo siciliano contra los franceses de la casa de Anjou, un episodio clave en la historia medieval que contó con la intervención del Imperio Bizantino.

El estallido de la rebelión

El 30 de marzo de 1282, al atardecer, las campanas de la Iglesia del Espíritu Santo en Palermo anunciaron el inicio de la insurrección. El detonante fue la violación de una joven casada siciliana por parte del soldado francés ebrio Duet (o Drouet). Su esposo la atacó y le quitó la vida al agresor con un cuchillo. Los franceses que intentaron defender a su compañero fueron masacrados por los sicilianos.

Al sonar las campanas de todas las iglesias, bajo la coordinación de agentes pro‑bizantinos, los sicilianos inundaron las calles gritando «¡Muerte a los franceses!». Asaltaron posadas y viviendas donde residían los franceses y sus familias, asesinando indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños, incluidos sacerdotes y monjes.

Al amanecer se estimó que alrededor de 2 000 soldados franceses habían sido muertos y los rebeldes controlaban la ciudad.

Expansión del levantamiento

En las semanas siguientes la revuelta se extendió por toda la isla. En menos de seis semanas, salvo en la bien fortificada Messina, los rebeldes dominaban Sicilia. El 28 de abril, Messina cayó desde dentro y los insurgentes incendiaron la flota francesa anclada, frustrando los planes de Carlos de Anjou de usar la isla como base contra Bizancio.

Influencia griega y apoyo bizantino

Entre los líderes de la rebelión se encontraba Bartholomew de Neokastro, una figura de la antigua colonia griega. Gracias a él, el emperador bizantino Miguel VIII Palaiologos recibió información y apoyo material; el oro bizantino financió la organización del levantamiento.

Algunos cronistas atribuyen el origen de la revuelta a agentes bizantinos, como Ioannis Procindas, enviados de Miguel Palaiologos, que incitaron a la población siciliana.

El propio Miguel Palaiologos escribió: «Me atrevo a decir que fui el instrumento de Dios que trajo la libertad a los sicilianos…»

Intervención de Aragón

Los rebeldes solicitaron al papa Martín IV que reconociera su soberanía, pero el pontífice, aliado de los franceses, se negó. Ante la falta de apoyo papal, los sicilianos recurrieron al rey Pedro III de Aragón, heredero legítimo según la herencia de la familia Hohenstaufen. Pedro aceptó la petición, desembarcó en Trapani el 30 de agosto de 1282 y llegó a Palermo el 2 de septiembre.

El 4 de septiembre fue coronado como Pedro I de Sicilia, prometiendo respetar las costumbres locales. Carlos de Anjou intentó reconquistar Messina, pero fracasó.

Los Vísperas Sicilianos: el oro bizantino, la mujer y la matanza salvaje

Conclusión

Los Vísperas de Sicilia marcaron el fin del dominio angevino en la isla, demostraron la capacidad de movilización popular y revelaron el juego de alianzas entre Bizancio y Aragón que redefiniría el equilibrio de poder en el Mediterráneo.