Operación Bagration y el frente del 9.º ejército
El 22 de junio de 1944 se lanzó la mayor ofensiva soviética del Frente Oriental, la Operación Bagration. Al día siguiente, el 1.º Frente Bielorruso, comandado por el mariscal Rokosovsky, atacó al 9.º ejército alemán, responsable de la zona del Grupo de Ejércitos “Centro” entre Rogachev y los pantanos de Pripet.
Disposición alemana
El 9.º ejército, bajo el mando del general Jordan, contaba con 12 divisiones: el Cuerpo de Ejército XXXV (SS) con las divisiones de infantería 134, 296, 6, 383 y 45; el Cuerpo Panzer XXIII con los blindados 35, 36 y 129; y el Cuerpo SS LV con los 292 y 102. Como reserva tenía la División de Seguridad del Transporte 707 y la sobrecargada 20ª División Panzer, situada en segunda línea.
La “fortaleza” de Boruisk también dependía de este ejército. A pesar de su numerosa composición, debía cubrir más de 300 km de frente, lo que obligaba a cada división a defender unos 30 km de línea.
El plan soviético
Rokosovsky concentró cinco ejércitos contra las alas del 9.º ejército, con la intención de rodearlo y destruirlo. La falta de información alemana sobre la disposición soviética hizo que la defensa del acceso de Rogachev por una sola división fuera extremadamente arriesgada.
El bombardeo inicial
A las 04:00 del 23 de junio, la artillería soviética abrió un bombardeo masivo que convirtió el terreno en una cráteres y sembró el caos. Los bombardeos destruyeron trincheras, búnkeres y posiciones de ametralladoras. Sobre el cielo, aviones rojos lanzaban bombas mientras la infantería soviética avanzaba.
La ruptura de la línea alemana
El 3.º Ejército soviético, bajo el general Gorbatov, perforó la unión entre los ejércitos 4.º y 9.º a una profundidad de 10 km. El 65.º Ejército, comandado por el general Batov, explotó la brecha con una poderosa carga de tanques (250‑300 blindados), llegando a una profundidad de 8 km y una longitud de 24 km al anochecer del 23 de junio.
La 20ª División Panzer
El comandante del Cuerpo Panzer XXIII, general Weidling, confiaba en la 20ª División Panzer como reserva decisiva. Sin embargo, la división estaba incompleta: solo contaba con el 21.º Regimiento Panzer (71 tanques Pz IV) y unidades de infantería motorizada.
Al recibir la orden de redeplegarse para apoyar al sector XXV SS, la división quedó atrapada entre dos frentes soviéticos y no pudo maniobrar. El coronel Fricke describió la confusión: “Se nos ordenó detener el ataque y movernos al sur mientras el enemigo nos rodeaba”.
El 24 de junio la división se incorporó al Cuerpo XXXXI, atacó en primera línea de infantería y segunda de tanques, pero se enfrentó a una superioridad soviética de 6:1. Destruyó unos 60 tanques, pero quedó reducida a 40 operativos y tuvo que retirarse.
Colapso y desesperación
Jordan comprendió que la 20ª Panzer no podía contener a los soviéticos en ambos sectores. Solicitó refuerzos al mariscal Bush, pero la respuesta fue evasiva: “No puedo acordar nada esta noche; primero debo consultar al OKH”.
El diario del 9.º ejército del 25 de junio refleja la frustración: “Sin refuerzos, la división 20ª no tiene ninguna posibilidad de éxito en terreno pantanoso”. Jordan acusó a la alta dirección de emitir órdenes incongruentes que ya estaban superadas por la realidad del campo de batalla.
El intento de fuga y la derrota final
El 26 de junio se ordenó a la 20ª Panzer retirarse para cubrir los accesos suroeste de Bobruisk, pero los soviéticos ya habían destruido el puente esencial sobre el río Titofka. Sólo una parte de la división logró cruzar antes de que el puente cayera en manos rojas.
Los tanques del 1.º Frente Bielorruso avanzaron hacia Baranovichi, completando el cerco del 9.º ejército. Bush se reunió con Hitler para pedir permiso de retirada; el Führer, aunque aprobó la evacuación a “Bobruisk”, subestimó la situación y permitió que el ejército quedara rodeado.
Hitler culpó a Jordan de la gestión de la 20ª División y ordenó su destitución, al igual que a Bush. El 9.º ejército quedó aniquilado, con unas 80 000 bajas, una derrota que eclipsó incluso la catástrofe de Stalingrado.
Conclusión
La Operación Bagration demostró la incapacidad del alto mando alemán para adaptarse a una ofensiva soviética masiva. La combinación de una línea de frente exagerada, órdenes contradictorias y la falta de reservas efectivas condujo a la desintegración del 9.º ejército, dejando una lección amarga sobre la “estupidez que duele”.