«La guerra es la madre de todo», afirmó Heráclito, y tenía razón. ¿Qué habría sido del avión si no existiera la Primera Guerra Mundial? Fue ese conflicto el que convirtió a la tecnología en un motor catalizador del combate, acelerando el desarrollo mucho más que en épocas anteriores.
Una de las ideas más descabelladas que surgió con la invención del avión fue la del portaaviones volador. Apenas unos años después, en 1941, los portaaviones marítimos demostraron su poder en Pearl Harbor, y la guerra del Pacífico se convirtió en la gran escuela de las operaciones aéreas y navales. Fue entonces cuando la visión de un portaaviones que pudiera volar volvió a cobrar vida.
Ya antes de que terminara la Primera Guerra Mundial se esbozaron propuestas de plataformas aéreas gigantescas. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos impulsó varios proyectos ambiciosos, pero el más extravagante fue el de Lockheed Martin: un enorme portaaviones volador propulsado por energía nuclear. El video a continuación narra la fascinante historia de este concepto.

