Contexto histórico
En la actualidad, algunos nacionalistas turcos alaban el Imperio Otomano como una gran potencia militar. Sin embargo, en el siglo XVIII el ejército otomano, aunque numéricamente enorme, estaba rezagado en calidad frente a los ejércitos europeos y también frente a sus adversarios orientales.
Guerra entre Persia y el Imperio Otomano (1730‑1735)
En 1730 los otomanos intentaron romper la zona de influencia persa, pero el talentoso general y reformador militar Nader (más tarde Shah) declaró la guerra. Las primeras batallas favorecieron a Persia mientras Nader comandaba; la derrota persa bajo el ineficaz Shah Tahsmap en Yerevan provocó su renuncia y la asunción del poder por Nader.
Contraataque persa liderado por Nader Shah
Nader llevó a sus tropas al oeste de Irán e Irak, derrotando a los otomanos. En la zona de Tabriz y el Cáucaso meridional los turcos seguían fuertes, por lo que Nader decidió capturar la ciudad de Ganja (actual Azerbaiyán). Los otomanos enviaron al pasha Abdullah Köprülü, al mando de 50 000 caballería, 30 000 infantería y 40 cañones.
El asedio de Ganja y la respuesta otomana
En noviembre de 1734 Nader llegó a los alrededores de Ganja, constató sus sólidas fortificaciones y optó por sitiarla, dejando parte de su ejército allí mientras se dirigía a Yerevan y Tiflis. Köprülü reunió su ejército en Kars y marchó para levantar los asedios.
La batalla de Gevard (18‑19 de junio de 1735)
El 18 de junio de 1735 Nader acampó en una meseta en la región de Gevard, Armenia, con una vista despejada del llano donde esperaba al enemigo. Envió una fuerza a la colina adyacente para tender una emboscada contra el flanco izquierdo y la retaguardia otomanos.
Al día siguiente, los otomanos acamparon en el llano. Nader, con solo 15‑18 000 hombres disponibles, atacó el flanco izquierdo con 3 000 soldados de élite, mientras su reserva se preparaba para golpear el otro flanco. Los fusileros persas (zanjíes) abatieron a los artilleros otomanos y capturaron la mayor parte de sus cañones.
Estrategia y tácticas persas
Tras neutralizar la artillería otomana, Nader empleó sus zamburaks, cañones ligeros montados en camellos, que avanzaron rápidamente y sembraron el caos entre las filas turcas. Más de 300 proyectiles de los cañones persas golpearon la posición enemiga, provocando una desmoralización general.
Finalmente, una caballería persa de élite, unos 1 000 jinetes, atacó el centro otomano, donde se encontraban los supuestos jenízaros. La presión combinada obligó a los otomanos a retroceder.
Resultado y consecuencias
La batalla terminó con la aniquilación de gran parte del ejército de Köprülü: se estima que de los 80 000 soldados otomanos, al menos la mitad murieron, resultaron heridos o fueron capturados. Ante la derrota, el sultán otomano solicitó la paz, cediendo Ganja, Tiflis y Yerevan.