Periodo predinástico (antes de 3100 a.C.)
En los inicios, los rituales funerarios eran sencillos: los cuerpos se enterraban en la arena o en tumbas poco profundas, con escasa preservación, aunque en ocasiones se utilizaban vendajes de lino.
Periodo dinástico temprano (3100‑2686 a.C.)
Comienza el desarrollo de técnicas de momificación entre la élite y los ricos. Los cuerpos se envuelven en vendas de lino y se cubren con resina o betún para mejorar su conservación. Las primeras evidencias datan del reinado de Djer, alrededor del 3000 a.C.
Imperio Antiguo (2686‑2181 a.C.)
La momificación se vuelve más elaborada y estandarizada. Se extraen los órganos internos, excepto el corazón, y se rellenan las cavidades con lino, resina o aserrín. El uso del natrón, una sal natural, se generaliza para secar y preservar el cuerpo.
Imperio Medio (2055‑1650 a.C.)
Se perfeccionan las técnicas, con mayor atención al detalle. Aparecen resinas y materiales embalsamadores más complejos, y los rituales y oraciones se integran profundamente en el proceso.
Imperio Nuevo (1550‑1070 a.C.)
Época de mayor refinamiento. Las capas de lino pueden llegar a cientos o miles, y las momias se adornan con joyas, amuletos y máscaras para proteger al difunto en el más allá.
Periodo tardío (664‑332 a.C.)
El declive político y la influencia extranjera provocan una reducción en la calidad de la momificación. El uso del natrón y los materiales embalsamadores se vuelve irregular, y se adoptan métodos más simples.
Periodo romano (30 a.C.‑395 d.C.)
La práctica persiste bajo dominio romano, pero se mezcla con costumbres romanas. La técnica sigue decayendo; algunas momias solo se envuelven en lino sin embalsamar. Finalmente, la momificación desaparece con la expansión del cristianismo y los nuevos ritos funerarios.
En conjunto, la evolución de la momificación refleja avances en técnicas, materiales y rituales, con fases de perfeccionamiento y retroceso según el contexto cultural e histórico.