En el año 270 a.C., la República Romana había alcanzado su mayor expansión territorial hasta ese momento, dominando gran parte de la península itálica y extendiendo su influencia más allá.
Territorios en la península itálica
Los romanos controlaban las regiones de Latium, Etruria, Umbría, Picenum, Samnio, Campania, Apulia y Lucania. Además, habían conquistado las ciudades griegas situadas en el sur de Italia.
Dominios fuera de Italia
Fuera de la península, la República había incorporado Sicilia y Cerdeña. Asimismo, mantenía una presencia estratégica en Galia e Iliria, lo que ampliaba su influencia en la cuenca del Mediterráneo.
Esta expansión sentó las bases para la posterior hegemonía romana en el mundo clásico.