En la Inglaterra Tudor los castigos variaban según la gravedad del delito y la posición social del infractor. La finalidad era principalmente disuadir y proteger a la comunidad, más que rehabilitar.
Castigos más habituales
1. Muerte
La pena capital era la más severa y se ejecutaba mediante horca, quema o decapitación. Se reservaba para traición, homicidio y herejía.
2. Encarcelamiento
Los condenados a prisión eran enviados a la Torre de Londres u otros calabozos. Las condiciones eran duras y a menudo incluían torturas.
3. Multas
Para delitos menores como robo o agresión se imponían multas. El monto dependía de la gravedad del hecho y de la capacidad económica del culpable.
4. Azotes
Los infractores de faltas menores –por ejemplo, embriaguez o vagancia– eran azotados en público, como forma de humillación y advertencia.
5. Señalado con hierro candente
Los reincidentes podían ser marcados con una marca de hierro caliente en la mano o la frente, indicando el delito cometido.
6. Mutilación
En casos extremos, como traición o herejía, se practicaba la mutilación: amputación de extremidades o recorte de orejas, dejando una señal permanente.
7. Proscripción (outlawry)
La proscripción excluía al delincuente del reino, permitiendo que fuera asesinado a la vista. Esta medida se aplicaba frecuentemente en crímenes políticos.
En resumen, los castigos en la época Tudor eran brutales y estaban diseñados para infundir miedo y mantener el orden social.