Reformas draconianas
Draco, legislador ateniense del siglo VII a.C., fue el autor de las primeras leyes escritas de Atenas (621 a.C.). Sus normas, extremadamente severas, llegaron a describirse como “escritas con sangre”.
Pena de muerte para casi todos los delitos
La legislación draconiana imponía la pena capital incluso por faltas menores como el hurto leve, el vandalismo o la tala de un árbol. Este enfoque radical sustituyó al anterior sistema basado en multas y restituciones.
Sin distinción entre delito intencional y accidente
Las leyes no diferenciaban entre actos deliberados y accidentales; una muerte involuntaria podía ser castigada con la muerte, aun cuando la persona actuara en defensa propia.
Esclavitud por deudas
Los deudores podían ser vendidos como esclavos o obligados a trabajar para saldar sus deudas, lo que a menudo provocaba la ruptura de familias enteras.
Derechos limitados de las mujeres
Las mujeres estaban prácticamente desprovistas de derechos: no podían poseer propiedades, testificar en los tribunales ni celebrar contratos, y eran consideradas propiedad de sus padres o maridos.
Legado y sustitución
Las reformas de Draco surgieron en una Atenas violenta y caótica y, aunque buscaban restablecer el orden, fueron consideradas excesivamente duras. En 594 a.C., el legislador Solón introdujo un nuevo código más equilibrado que reemplazó a las leyes draconianas.