La España medieval, tanto en Al‑Ándalus como en los reinos cristianos, fue uno de los puntos clave para la transmisión del saber griego al mundo latino. El debate sigue vivo, como muestra la polémica alrededor de *Aristote au Mont Saint‑Michel* de S. Gouguenheim (2008). Lo cierto es que la ciencia y la filosofía griegas llegaron al occidente a través de los árabes, pero ¿quiénes las tradujeron?
«Los filósofos más sabios del mundo»
Esta frase proviene del prefacio de Daniel de Morley (1140‑1210), un erudito inglés que, tras una decepcionante visita a París, se dirigió a Toledo para escuchar a "los filósofos más sabios del mundo" impartir el cuadrivio (aritmética, música, geometría y astronomía). Regresó a Inglaterra con una valiosa colección de libros.
Un mundo latino en busca de conocimiento
En el siglo XII la brecha entre latinos y árabes se había reducido. El renacimiento intelectual occidental, impulsado por figuras como Pedro Abelardo o Guillermo de Champeaux, coincidió con la Reconquista, las cruzadas y la expansión normanda. Los latinos necesitaban una sistematización del saber que los árabes ya habían desarrollado a partir de la herencia griega, y las conquistas les permitieron acceder a sus bibliotecas.
Gerberto de Aurillac, el primer impulsor
Nacido alrededor de 945, Gerberto estudió en Cataluña y descubrió en el monasterio de Ripoll manuscritos de astronomía y aritmética traducidos del árabe. Fue elegido papa en 999 como Silvestre II. En su época aparecen los primeros ejemplos de los llamados «números arábigos» (en realidad indios) en manuscritos latinos del norte de España, marcando una revolución en el cálculo.
Las primeras traducciones… en Italia
Contrario a la creencia popular, las primeras traducciones de obras árabes al latín se realizaron en Italia, gracias a Constantino el Africano (1015‑1087). Nacido probablemente en Ifriqiya, tradujo al latín los textos médicos de Al‑Masudi y de un médico judío de Kairuán, difundiendo la medicina árabe por el norte de Italia en el siglo XII.
La importancia de la captura de Toledo
Tras la conquista de Toledo en 1085, los cristianos accedieron a sus ricas bibliotecas, que contenían versiones árabes de obras griegas y textos originales andalusíes. Sin embargo, los traductores latinos no podían contar con los propios árabes, muchos de los cuales habían abandonado la ciudad. El trabajo recayó en judíos y mozárabes, cristianos latinizados que dominaban tanto el árabe como el latín.
Un ejemplo destacado es la traducción «de cuatro manos» de *De Anima* de Avicena, realizada por el judío Juan Avendauth y el cristiano dominico Gundisalvo, quienes combinaron sus conocimientos para llevar el texto del árabe al latín y al castellano.
¿Una "escuela de traducción" en Toledo?
Toledo fue un centro de traducción, pero no existió una institución formal. El impulso vino de los arzobispos Raimundo (1125‑1152) y Juan (1152‑1166), que fomentaron el aprendizaje del árabe entre clérigos del norte. Traductores españoles como Hugues de Santalla o extranjeros como Hermann de Carintia participaron en la labor, creando un léxico científico latino‑árabe (álgebra, alcohol, azur, azúcar, etc.).
Gerardo de Cremona, ejemplo de traductor
Nacido en Italia alrededor de 1114, Gerardo llegó a Toledo motivado por su amor al *Almagesto* de Ptolomeo. Aprendió árabe y tradujo más de setenta obras, desde astronomía hasta medicina, convirtiéndose en una figura legendaria de la traducción medieval.
Aportaciones y consecuencias de las traducciones
En el siglo XIII el impulso dejó de ser exclusivamente eclesiástico y se extendió a monarcas como Alfonso X el Sabio y Federico II de Sicilia, que patrocinaron traducciones al castellano y al latín. Aproximadamente la mitad de las obras traducidas eran científicas (matemáticas, astronomía), un veinte por ciento medicina y filosofía, y el resto alquimia, magia, etc. Los textos de Ptolomeo, Al‑Juarismi, Euclides, Galeno, Avicena, Aristóteles, Averroes y Al‑Kindi formaron la base del conocimiento racional europeo.
Estas transmisiones propiciaron el llamado «Renacimiento del siglo XII», proporcionando nuevos marcos teóricos y una visión más racional de la ciencia y la filosofía.
Un deseo de apropiarse del saber
Lejos de una idealizada convivencia intercultural, la traducción respondió al mismo impulso que motivó a caballeros, comerciantes y clérigos: la captura y el aprovechamiento del conocimiento ajeno. Incluso la traducción del Corán por Pedro el Venerable (abad de Cluny) tuvo un fin polemístico, no de curiosidad.
En la pintura de Andrea di Bonaiuto (Florencia, siglo XIV) el filósofo andalusí Averroes aparece subyugado por Santo Tomás de Aquino, símbolo del triunfo del saber cristiano sobre la ciencia islámica.
Bibliografía
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- F. Micheau, "Transmission to the Christian West: Medieval Translations from Arabic to Latin", en States, Societies and Cultures of the Muslim World medieval (dir. J‑C. Garcin), New Clio, 2000.
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- C. Aillet, The Mozarabs, Casa de Velázquez, 2010.
Este artículo está inspirado en una conferencia de Françoise Micheau, profesora de la Universidad de París 1 Panthéon‑Sorbonne.