El Tratado de la Élysée, firmado el 22 de enero de 1963 entre Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, sentó las bases de la amistad franco-alemana. Desde entonces, Francia y Alemania han renovado constantemente su compromiso de entendimiento pacífico mediante tratados de cooperación, programas de intercambio y conmemoraciones. El «pareja franco-alemana» se ha convertido en la columna vertebral de la Unión Europea, aunque esta estrecha relación no surgió de forma natural; al contrario, la historia de ambas naciones estuvo marcada por conflictos y rivalidades.
Tensiones y guerras: dos naciones enemigas
Desde la unificación alemana de 1870, Francia y Alemania desarrollaron una profunda enemistad que desembocó en desastres humanos, materiales y sociales. Tres guerras definieron su destino: la Guerra Franco‑Prusiana (1870), la Primera Guerra Mundial (1914) y la Segunda Guerra Mundial (1940). Cada conflicto buscó la supremacía hegemónica sobre Europa.
La derrota francesa en 1870 provocó la caída del Segundo Imperio y facilitó la unificación política y social de Alemania. Las rivalidades continuaron en la política interna, como el caso del caso Dreyfus, que polarizó a la sociedad francesa y alimentó sospechas de espionaje alemán. En el ámbito colonial, la ambición alemana por Marruecos provocó la crisis de Tánger (1905) y la crisis de Agadir (1911), dos episodios que casi desencadenan una guerra.
En 1914, la escalada de esas tensiones llevó al estallido de la Primera Guerra Mundial, una catástrofe que cobró 1,5 millones de vidas francesas y 2,2 millones de alemanas. El Tratado de Versalles (1919) impuso duras condiciones a Alemania, especialmente la ocupación del Ruhr por parte de Francia. El propio presidente estadounidense Woodrow Wilson advirtió que esas sanciones eran excesivas, pero sus recomendaciones fueron ignoradas. El mariscal Foch describió el tratado como "un armisticio de veinte años".
Las cláusulas punitivas del tratado sembraron el resentimiento que alimentó el auge del fascismo en la década de 1920. La crisis económica de 1929 y la humillación nacional facilitaron el ascenso de Adolf Hitler, quien violó el tratado al rearmar Alemania. La inacción de Francia y de la Sociedad de Naciones permitió que, en 1938, los Acuerdos de Múnich entregaran los Sudetes a Alemania, preludiando la invasión de Polonia y el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Paz: la nueva era franco-alemana
El 8 de mayo de 1945 (Europa) y el 2 de septiembre de 1945 (Asia) marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial. Europa quedó devastada y necesitaba una reconstrucción profunda. La creación de la ONU sustituyó a la Liga de Naciones y marcó el inicio de una nueva configuración mundial.
Durante la Guerra Fría, Alemania quedó dividida: la República Federal de Alemania (RFA) bajo influencia occidental y la República Democrática Alemana bajo control soviético. La amistad franco-alemana se desarrolló principalmente entre Francia y la RFA, impulsada por el Plan Marshall (1947) que catalizó el "milagro económico" alemán.
El proceso de democratización alemana se resumió en los "5 D": Desmilitarización, Desnazificación, Democratización, Descentralización y Descartelización. Los partidos clave fueron la Unión Demócrata Cristiana (CDU) liderada por Adenauer y el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). La nueva Constitución federal estableció el federalismo, la separación de poderes y un Tribunal Constitucional en Karlsruhe.
Francia, por su parte, atravesó una etapa de purga y de transición política que culminó en la fundación de la Quinta República (1958) bajo la presidencia de Charles de Gaulle.
Para evitar nuevos conflictos, ambos países se comprometieron a una estrecha cooperación europea. El Tratado de la Élysée (1963) consolidó esa alianza: desde entonces se han hermanado ciudades, escuelas y universidades, y la Oficina Franco‑Alemana de la Juventud (OFAJ) ha facilitado millones de intercambios. El acuerdo de Weimar (1997) dio origen a la Universidad Franco‑Alemana (UFA), que promueve programas conjuntos de estudio e investigación. Otros proyectos emblemáticos incluyen el canal cultural Arte y la creación de empresas como Airbus.
Amistad franco‑alemana, motor de Europa
En los años 90 y 2000 surgió el plan Lamy‑Verheugen, que proponía una coordinación política más profunda, incluso una confederación con ejército común y embajadas compartidas. Aunque nunca se materializó, la idea sigue influyendo en los debates sobre una Europa de dos velocidades, donde Francia y Alemania lideran la integración.
Aunque la relación ha mostrado signos de rutina, sigue siendo clave en áreas como el espacio, la aeronáutica y la defensa. En la política internacional, los dos países a menudo actúan de forma conjunta, como en la oposición a la invasión de Irak en 2003. Francia mantiene su influencia en el Consejo de Seguridad de la ONU, mientras que Alemania mantiene una estrecha relación con Israel.
La conmemoración del centenario de la Primera Guerra Mundial, como la ceremonia del 3 de agosto de 2014 en el Hartmannswillerkopf (Haut‑Rhin) con la presencia de los presidentes François Hollande y Joachim Gauck, subrayó el papel de la amistad franco‑alemana como base de una Europa pacífica.
Como señaló un veterano alemán en 1975: "La unidad y la amistad franco‑alemana serán siempre la roca de bronce sobre la que se funda la unión de los pueblos europeos y la paz que todos deseamos".
Bibliografía
Corine Defrance, Ulrich Pfeil (eds.). France, Germany and the Élysée Treaty, 1963–2013. CNRS Éditions, 2012.
Édouard Husson. Europe against Franco‑German friendship: From misunderstandings to discord. Guibert, 1998.
Sylvain Kahn. History of the construction of Europe since 1945. PUF, 2018.