Protección contra el gas venenoso
Durante la Primera Guerra Mundial los combatientes se protegían del gas químico mediante máscaras de gas. Estas máscaras, fabricadas generalmente de tela o caucho, cubrían nariz y boca y estaban equipadas con filtros que absorbían sustancias tóxicas como el cloro y el gas mostaza.
Además, muchos soldados recibían capuchas o cubre‑cabezas que sellaban los ojos y el cabello, evitando la exposición directa a los agentes irritantes.