Los colonos americanos rechazaron los impuestos impuestos por Gran Bretaña porque los veían como una violación de sus derechos y de los principios democráticos.
Violación del principio "No hay impuestos sin representación"
Argumentaban que no tenían representantes en el Parlamento británico, el único órgano con autoridad para gravar. Para ellos, tributar sin representación era una afrenta a sus derechos como súbditos británicos y contraria a la democracia.
Impuestos injustos y excesivos
Muchas de las tasas, como el Stamp Act, les parecían desproporcionadas y una forma de opresión económica. Sentían que el Reino Unido buscaba extraer recursos de las colonias sin su consentimiento.
Falta de control local sobre las finanzas
Deseaban decidir cómo se gastaba su dinero y que las decisiones fiscales se tomaran en sus propias asambleas, no desde Londres. La imposición unilateral de tributos les resultaba inaceptable.
Deseo de autogobierno y autonomía
Más allá de la cuestión fiscal, los colonos aspiraban a una mayor participación en la administración de sus territorios. Veían los impuestos como símbolos de control externo y querían legislar por sí mismos.
Principios constitucionales
Algunos sostenían que las imposiciones británicas violaban los derechos constitucionales y legales de los colonos, excediendo las competencias que la Corona tenía según la legislación vigente.