Destrucción del Primer Templo
En 587 a.C., el rey Nabucodonosor II del Imperio neo‑babilónico sitió y quemó el Primer Templo de Jerusalén. Este hecho marcó un punto de inflexión en la historia del pueblo judío.
La caída del templo provocó el exilio babilónico: miles de judíos fueron deportados a Babilonia, lo que puso fin al Primer Estado judío y transformó profundamente la identidad religiosa, cultural y nacional del pueblo.
El recuerdo de este episodio sigue influyendo en la tradición y la memoria colectiva judía hasta la actualidad.