El vacío primordial: Ginnungagap
En la cosmogonía nórdica, todo comenzó con un inmenso vacío llamado Ginnungagap, una nada sin forma ni materia.
Los reinos opuestos
En el centro de Ginnungagap surgieron dos dominios contrastantes: al norte, Niflheim, un reino helado y sombrío; al sur, Muspelheim, un mundo de fuego y calor.
Flujos de hielo y lava
De Niflheim brotaban ríos de hielo, mientras que de Muspelheim fluían corrientes de lava incandescente.
El encuentro de los elementos
Cuando el hielo y el fuego se encontraron, la colisión generó una niebla que, al tocar el aire frío de Niflheim, se convirtió en escarcha; al rozar el calor de Muspelheim, se transformó en vapor ardiente.
El primer ser viviente
De esa interacción surgió el primer ser: el gigante de escarcha Ymir. Alimentado por la leche de la vaca cósmica Auðumbla, Ymir se convirtió en la base de la creación.
El origen de los dioses
Auðumbla emergió del hielo fundido y, al lamer los bloques de sal, reveló poco a poco la figura del dios Búri. Búri engendró a Odin, Vili y Vé, quienes posteriormente modelaron el mundo y sus habitantes.