Una vivienda típica de la antigua Grecia solía alojar a una familia compuesta entre cinco y diez personas. Este núcleo incluía al marido y a la mujer, sus hijos y, a menudo, otros parientes cercanos como abuelos o hermanos solteros.
En ocasiones, los hogares se ampliaban para acoger a familias extensas, llegando a compartir el mismo espacio hasta veinte o más individuos.