Historia antigua

A medida que el Imperio Romano se expandía, los romanos se encontraron con numerosas religiones nuevas: ¿cómo respondieron?

Expansión del Imperio y contacto con nuevas creencias

Al crecer el Imperio Romano, sus fronteras alcanzaron una gran variedad de cultos y prácticas religiosas. Al principio, los romanos mostraron una tolerancia práctica, siempre que esas creencias no pusieran en riesgo la estabilidad del Estado.

Del tolerancia al control

Con la centralización creciente y la burocratización del poder, el gobierno romano empezó a considerar a las religiones extranjeras como posibles focos de sedición y deslealtad. Para mantener el orden, se impusieron prohibiciones y restricciones a ciertos cultos.

Un ejemplo notable es la persecución de los cristianos bajo el emperador Nerón, quien en el 64 d.C. prohibió públicamente la práctica del cristianismo en Roma. Esa prohibición se aplicó de forma intermitente hasta que el Edicto de Milán, promulgado en 313 d.C., legalizó la fe cristiana en todo el imperio.

Fomento del panteón romano

Paralelamente, el Estado fomentó la adoración de los dioses tradicionales romanos. Se construyeron templos y santuarios, y se obligó a los ciudadanos a participar en los ritos oficiales. Este sincretismo religioso buscaba crear una identidad común y reforzar la cohesión del imperio.

El ascenso del cristianismo

Hacia finales del siglo IV, el cristianismo se había convertido en la religión predominante. El emperador Constantino se convirtió al cristianismo en el 312 d.C., y sus sucesores fueron sustituyendo gradualmente los símbolos y cultos paganos por la iconografía y doctrinas cristianas.