Calígulo (12‑41 d.C.)
El 16 de marzo del 37 d.C., Calígulo, bisnieto de Augusto, asesinó al emperador Tiberio, entonces de 77 años. Su reinado duró apenas cuatro años y medio, hasta que fue asesinado el 24 de enero del 41 d.C. a los 28 años por senadores y guardias.
Claudio (41‑54 d.C.)
Claudio, tío de Calígulo y nieto de Augusto, fue proclamado emperador después del asesinato de Calígulo. Conquistó Britania en el 43 d.C., convirtiéndola en colonia romana, y gobernó durante catorce años.
Agripina la Menor y el ascenso de Nerón (54‑68 d.C.)
Agripina la Menor, gran ambiciosa, se casó con el emperador Claudio y lo convenció de adoptar a su hijo Nerón como heredero. En el 54 d.C. Agripina envenenó a Claudio, permitiendo que Nerón ascendiera al trono a los 16 años.
Reinado de Nerón
Nerón, descendiente de Augusto por ambas ramas, inicialmente estuvo bajo la tutela de Séneca. Pronto mostró su crueldad: en el 55 d.C. ordenó el asesinato de Británico, hijo de Claudio; en el 59 d.C. mató a su madre Agripina; también eliminó a sus esposas Octavia y Poppaea. Ejecutó a numerosos senadores y a figuras prominentes. En política exterior firmó una paz con los partos (58‑63 d.C.). En el 64 d.C. el gran incendio de Roma destruyó gran parte de la ciudad; la tradición relata que Nerón tocaba la lira mientras ardía. Tras el incendio inició la reconstrucción y aumentó los impuestos, lo que generó descontento. Finalmente, tras la rebelión de Vespasiano, Nerón se suicidó el 9 de junio del 68 d.C. a los 30 años.
Fin de la dinastía Julio‑Claudia y la era de los Flavios (68‑96 d.C.)
Tras la muerte de Nerón, Galba, Otho y Vitellio se sucedieron en el trono en el llamado Año de los Cuatro Emperadores (69 d.C.). Finalmente Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia, se impuso y gobernó hasta 79 d.C., iniciando la construcción del Coliseo y reduciendo impuestos.
Su hijo Tito lo sucedió (79‑81 d.C.). Tito dirigió la respuesta al desastre del Vesubio en el 79 d.C., ganándose la admiración popular. Tras su muerte, Domitiano tomó el poder (81‑96 d.C.) hasta ser asesinado, marcando el fin de los Flavios.
Dinastía Nerva‑Antonina (96‑192 d.C.)
Nerva, nombrado por el Senado, inició una fase de relativa estabilidad. Sus sucesores —Trajano, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio y Cómodo— son conocidos como los "cinco buenos emperadores" (96‑180 d.C.). Durante este periodo el imperio alcanzó su máxima extensión bajo Trajano y se vivió un florecimiento arquitectónico bajo Adriano.
Marco Aurelio intentó frenar el crecimiento del cristianismo, imponiendo persecuciones severas. Su hijo Cómodo, tras su muerte en 192 d.C., fue asesinado por sus guardias, poniendo fin a la dinastía.
Crisis del siglo III y dinastías breves (193‑235 d.C.)
Tras la muerte de Cómodo, el Imperio sufrió una serie de golpes de Estado: Pertinax, Didius Juliano y la brevedad de sus gobiernos provocaron caos. La dinastía Severana (Septimio Severo, Caracalla, Geta, Macrino, Heliogábalo y Alejandro Severo) intentó restablecer el orden, pero también estuvo marcada por asesinatos y usurpaciones.
Dinastía Gordiana y la "Crisis del siglo III" (235‑284 d.C.)
Los Gordianos I, II y III, seguidos por Maximinus Thrax y los breves reinados de Gordiano III, Filipo el Árabe y sus hijos, y una sucesión de emperadores de origen persa y africano, reflejaron la profunda inestabilidad del Imperio. El 284 d.C., Diocleciano tomó el poder, poniendo fin a la dinastía Gordiana y comenzando la era de la Tetrarquía.
Este recorrido muestra cómo, a lo largo de más de dos siglos, el liderazgo del Imperio Romano pasó de familias aristocráticas a generales del ejército, marcando la transición de una república estable a una serie de crisis que culminarían en la división del Imperio.