Historia antigua

Castigos en la época victoriana: tipos y evolución

Durante la era victoriana (1837‑1901) la sociedad británica valoraba la disciplina, el orden y la moralidad, y consideraba el castigo severo como elemento disuasorio frente al delito y la indisciplina.

1. Pena capital (pena de muerte)

Se aplicaba a delitos graves como el asesinato o la traición. Las ejecuciones, generalmente por ahorcamiento, solían ser públicas. En 1868 la pena de muerte se abolió para la mayoría de los crímenes, quedando reservada únicamente para el homicidio.

2. Transporte

Consistía en enviar a los condenados a colonias penales, principalmente a Australia, por un período determinado o de por vida. Esta práctica decayó y se extinguió en 1868.

3. Encarcelamiento

Las condenas de prisión variaban según la gravedad del delito. Era habitual el trabajo forzado y las condiciones eran duras, con hacinamiento y saneamiento deficiente. En 1842, la apertura de la prisión modelo de Pentonville introdujo el confinamiento individual y una visión rehabilitadora basada en la soledad y la instrucción religiosa.

4. Castigo corporal

Se utilizaban azotes y fustas tanto para adultos como para niños, como medida disuasoria ante robos menores, vagancia o insubordinación.

5. Humillación pública

Los delincuentes eran colocados en el potro o la picota, expuestos en plazas públicas para ser ridiculizados y agredidos por la multitud.

6. Privación de derechos civiles

Los condenados podían perder el derecho al voto, a ocupar cargos públicos o a servir como jurado.

7. Reforma juvenil

Surgen instituciones específicas para menores infractores, como escuelas de reforma e industriales, cuyo objetivo era la educación y la rehabilitación, evitando los castigos físicos.

8. Leyes de los pobres

Establecieron un sistema de asistencia para los indigentes mediante los workhouses, que ofrecían alojamiento, alimento y trabajo. Las condiciones, sin embargo, eran frecuentemente duras, lo que motivó campañas de reforma.

9. Reforma penitenciaria

El movimiento humanitario impulsó mejoras en higiene, salud, educación y oportunidades de reinserción. La Ley de Prisiones de 1877 buscó uniformizar la normativa, elevar la higiene y garantizar un trato más digno a los reclusos.

En conjunto, estas medidas reflejaban una visión castigos‑disuasoria de la criminalidad, pero la creciente preocupación por la justicia social y el trato humano sentó las bases del sistema penal moderno.