Fin del dominio romano
En el siglo V el Imperio romano, agobiado por invasiones bárbaras y crisis internas, retiró sus legiones y la administración de Britania. La salida de los soldados marcó el fin de la autoridad imperial en la isla.
Vacío de poder e invasiones germánicas
La ausencia de un gobierno central dejó un vacío que atrajo a tribus germánicas – ángeles, sajones y jutos – que cruzaron el mar del Norte y fundaron sus propios reinos.
Formación de los reinos anglosajones
Estos pueblos establecieron siete reinos principales: Northumbria, Mercia, East Anglia, Essex, Sussex, Wessex y Kent. Cada uno desarrolló su propia cultura, leyes y monarquía.
Declive de los centros urbanos romanos
Muchas ciudades fundadas bajo Roma decayeron o fueron abandonadas. La población se trasladó al campo, a granjas y a fortalezas en colinas llamadas burhs.
Expansión del cristianismo
El cristianismo, introducido durante la época romana, se consolidó gracias a misioneros irlandeses y continentales. Se fundaron monasterios y iglesias que impulsaron la alfabetización.
Cultura anglosajona
Los anglosajones crearon una identidad propia: el idioma anglo‑sajón, obras literarias como Beowulf, y un arte distintivo que sentó las bases de la futura cultura inglesa.
Reinos celtas supervivientes
Paralelamente, los reinos celtas de Cornualles, Gales y Strathclyde mantuvieron sus lenguas y tradiciones, resistiendo la influencia germánica.
Supremacía de Mercia
En el siglo VIII Mercia se convirtió en la potencia dominante bajo reyes como Offa, que consolidó territorios y fomentó la paz relativa.
Invasiones vikingas
Desde finales del siglo VIII, los vikingos escandinavos realizaron incursiones y establecieron asentamientos en Inglaterra e Irlanda, dejando una huella profunda en la sociedad.
Unificación de Inglaterra
En el siglo X el rey Æthelstan de Wessex logró unir la mayor parte del territorio inglés, iniciando el proceso que culminaría en el Reino de Inglaterra.