Un nuevo giro en la historia de la evolución
La publicación de El origen de las especies en 1859 revolucionó la ciencia y transformó la visión del pasado humano. Aunque el nombre de Charles Darwin se convirtió en sinónimo de evolución, no fue el único que abordó la cuestión. El geólogo escocés Charles Lyell, influido por James Hutton y por el naturalista francés Jean‑Baptiste Lamarck, ya había sugerido ideas evolutivas y la posibilidad de una selección natural.
Jacques Boucher de Perthes, el padre de la prehistoria
Entre los precursores que se atrevieron a incluir al hombre en la escala geológica destaca el francés Jacques Boucher de Crèvecœur de Perthes. Trece años antes de que Darwin publicara su obra, Boucher de Perthes cuestionó la cronología bíblica, lo que le valió acusaciones de herejía. Con el tiempo, la evidencia confirmó su hipótesis.
Vida y carrera
Nacido en 1788 en la región de Ardenas, provenía de una familia aristocrática y fue el mayor de siete hijos. Tras abandonar el internado, ingresó al Cuerpo de Aduanas en 1802, sirviendo en Nápoles, Marsella, Livorno y Foligno. En Italia se convirtió en violinista virtuoso y empezó a escribir novelas, poesía y teatro.
De regreso a Francia en 1811, fue inspector de aduanas en Boulogne y luego director en París. En 1825 sucedió a su padre como jefe de la oficina aduanera de Abbeville, y a la vez cultivó su pasión por la botánica, publicando trabajos que le valieron la membresía de la Academia de Ciencias y otras sociedades europeas.
Del estudio de plantas a la geología prehistórica
Su amistad con el prehistoriador Casimir Picard lo llevó a interesarse por la geología. Entre 1828 y 1841 publicó una ambiciosa obra en cinco volúmenes titulada The Creation, influida por Georges Cuvier.

Los primeros hallazgos
En 1828 descubrió dos láminas de sílex tallado en una garganta aluvial de Abbeville. El contexto geológico indicaba una edad antediluviana, aunque en un principio no dio a conocer el hallazgo.
En 1844 halló herramientas de piedra y huesos de grandes mamíferos extintos (elefante y rinoceronte) en una terraza de la Somme. Este descubrimiento lo obligó a publicar sus resultados.
Así surgieron los tres volúmenes de Antiquités celtiques et antédiluviennes, donde propuso la presencia humana en el Pleistoceno, desafiando la cronología bíblica de James Ussher, que situaba la creación en el año 4004 a.C.

Controversia y reconocimiento
En 1860, durante una conferencia, Boucher de Perthes argumentó que había ocurrido un cambio climático global que explicaba la coexistencia de fauna tropical y templada en Francia, y defendió la existencia de un hombre antediluviano. Aunque muchos científicos lo ridiculizaron, recibió el apoyo de figuras como Marcel Jérôme Rigollot, Hugh Falconer, Joseph Prestwich, John Evans y, por supuesto, Charles Lyell.
La credibilidad del descubrimiento se vio empañada por el escándalo del mandíbula de Moulin‑Quignon, una falsificación encontrada en 1863 que resultó ser un fraude. Este episodio obligó a la comunidad científica a aplicar una mayor rigurosidad en el análisis de nuevos hallazgos.

Legado
Posteriormente se descubrieron más restos fósiles y objetos tallados, como el colmillo de mamut de La Madeleine (1864) y el esqueleto de elefante de Solutr (1866). Hoy sabemos que la zona de la Somme estaba habitada por neandertales y Homo erectus, lo que sitúa su ocupación entre 300.000 y 1.000.000 de años atrás. Boucher de Perthes murió en 1868, apenas a tiempo de ver cómo la ciencia confirmaba sus ideas.
Fuentes
Bulletin of History and Archeology: Boucher de Perthes and the Discovery of Human Antiquity; History of Anthropology (Manuel María Marzal); Brief History of the Neanderthals (Fernando Diez Martín); History of Ethnology (Ángel Palerm); Antiquités Celtiques et Antédiluviennes (Jacques Boucher de Perthes); Wikipedia.