Arqueología e Historia cambia de cara: en lugar de la fotografía habitual, la portada ahora muestra una magnífica ilustración histórica creada por nuestra querida ilustradora ªRU‑MOR (Facebook e Instagram). La escena representa a un grupo de pompeyanos intentando huir de la ciudad mientras el Vesubio erupiona al fondo. Con esta nueva propuesta, que encabezará los próximos números, buscamos aportar originalidad y calidad sin perder el rigor que caracteriza a nuestras publicaciones.
La ilustración histórica forma parte del ADN de Arqueología e Historia y de todas las revistas de Desperta Ferro. Desde sus inicios ha sido un elemento central, y ofrece ventajas que la fotografía no siempre puede brindar: una sola escena puede contar mucho más que una foto, permitiendo explorar detalles que a veces se pierden por la calidad o el estado de conservación de los materiales arqueológicos. Por ejemplo, una fotografía de un fresco romano ya es una obra de arte, pero un objeto fragmentado o deteriorado puede resultar menos explícito.
Otro punto a favor es la originalidad. Cada ilustración es única e irrepetible, mientras que una fotografía puede resultar familiar y, a veces, sobreutilizada en otras publicaciones. Por supuesto, nuestras portadas mantendrán el máximo rigor histórico. Aunque la representación obligue a reconstruir aspectos no siempre claros en la investigación, es posible lograr la misma fidelidad que una fotografía, corregir sesgos provocados por la fragmentación y, incluso, restaurar colores originales. Todo ello requiere una documentación exhaustiva y el compromiso del ilustrador, que en este caso es ªRU‑MOR, una de nuestras colaboradoras más apreciadas.
Documentación de una ilustración histórica
Crear una ilustración de este tipo implica una comunicación constante entre el investigador que documenta y el artista que plasma la idea. El proceso incluye el envío continuo de bocetos, avances y perspectivas, así como correcciones y sugerencias. El objetivo es equilibrar lo científico, que nunca debe quedar en segundo plano, con lo artístico, que resulta sumamente atractivo.
La portada de Los últimos días de Pompeya ilustra perfectamente este método. Primero se conceptualizó la escena, seleccionando los elementos clave: el volcán en erupción, la lluvia de ceniza y escombros, y el drama de los personajes que huyen por una calle.
Para garantizar la máxima fiabilidad, en Desperta Ferro realizamos una intensa tarea de documentación. En este caso se generó un dossier de varias páginas acompañado de treinta imágenes de referencia (vestimentas, arquitectura, personajes, etc.). La documentación incluye incluso datos que no se usarán directamente, pero que facilitan la inmersión y la comprensión del escenario.

Afortunadamente, Pompeya es una ciudad arqueológica muy estudiada, lo que nos permitió adoptar un enfoque realista y contrastable. Las casas representadas no son genéricas, sino las insulas I.20‑II.8 y I.14‑II.9, con sus puertas y alturas exactas. Elegimos la vía Nocera como punto de fuga, ya que, a diferencia de la mayoría de calles norte‑sur que no permiten ver el volcán, esta ruta ofrece una vista clara del Vesubio.
Una vez definidas las insulas, ªRU‑MOR decidió situar la escena en la conjunción de las insulas I.14 y II.9, frente a la puerta 2 de esta última, al norte del cruce con la Via de la Palestra. Esta ubicación afecta la perspectiva de los personajes y del volcán; un punto más al sur habría generado una inclinación distinta de la calle.

Queríamos mostrar a los habitantes de Pompeya todavía capaces de huir, por lo que la escena se sitúa alrededor de las 14:45, dos horas después del inicio de la erupción. La calle está casi cubierta de piedra pómez, ceniza y lapilli. Entre los detalles aparecen: el perro con collar que esquiva los fragmentos volcánicos (inspirado en restos encontrados en la casa de Vesonio Primo y en el mosaico de la casa de Pacio Pródigo); el personaje que se agarra a un cojín, recreando la escena descrita por Plinio (Cartas, VI.16); y el Vesubio, representado según el fresco del larario de la Casa del Centurión, la única imagen antigua conocida del volcán.
Otros elementos, como la pequeña caja de bronce con ahorros que cae de una teja, están basados en hallazgos reales. Muchos cuerpos encontrados en Pompeya, Herculano y villas cercanas llevaban bolsas con monedas, amuletos, joyas y llaves, intentando salvar lo que podían antes de su trágico final.
Representación artística de la ilustración histórica
El rigor documental se combina con la puesta en escena artística de ªRU‑MOR, cuyo proceso creativo presentamos paso a paso. La ilustración transmite de inmediato la sensación de caos, la incertidumbre de los personajes y el drama de un momento que marcó el fin de Pompeya, una historia que siglos después rescatamos de sus cenizas para compartirla en nuestras páginas.
