Frank Goddio y el descubrimiento del San Diego
Frank Goddio, arqueólogo submarino de origen marroquí y nacionalidad francesa, es conocido por haber localizado la ciudad sumergida de Heracleion y por sus excavaciones en los alrededores de Alejandría. Sin embargo, su fama se consolidó al rescatar naufragios históricos, entre ellos el galeón español San Diego, hundido en 1600 frente a la bahía de Manila.
Goddio se basó en el exhaustivo estudio del historiador Patrick Lizé, especializado en arqueología subacuática y temas navales. Lizé había investigado los archivos del Archivo General de Indias y fuentes neerlandesas, recopilando documentos, inventarios de armas y provisiones del San Diego, así como los testimonios de 22 supervivientes.
Con el apoyo de la Fundación Elf y la colaboración del Museo Nacional de Filipinas y del Musée des Arts Décoratifs de París, Goddio alquiló el catamarán Kamiloa y comenzó la búsqueda.
El 21 de abril de 1991 localizó el buque a 900 m al noroeste de la Isla Fortune, en la parte exterior de la bahía de Manila. El galeón descansaba a 52 m de profundidad, protegido por una capa de arena que había conservado su estructura.

Contexto histórico: la amenaza holandesa
En 1600, la República de las Provincias Unidas de los Países Bajos, ya en plena Edad de Oro, buscaba expandir su influencia en Asia. Con la intención de apoderarse de las Filipinas, ricas en comercio con China y Japón, una escuadra holandesa compuesta por los barcos Eendracht, Hendrik Frederik, Hoop y el buque insignia Mauritius se dirigió al archipiélago.
El San Antonio se transforma en San Diego
Construido en 1590 en el astillero de Cebu, el galeón medía unos 35 m, tenía cuatro cubiertas y desplazaba 700 toneladas. Originalmente llamado San Antonio, servía al comercio del Galeón de Manila, transportando plata mexicana a cambio de artesanías chinas. En octubre de 1600, el teniente‑gobernador Antonio de Morga lo requisó, lo remodeló y lo rebautizó San Diego para convertirlo en buque de guerra ante la inminente amenaza holandesa.
La batalla de Manila Bay, 14 de diciembre de 1600
El 12 de diciembre, Morga zarpó con el San Diego, el patache San Bartolomé y el pequeño San Jacinto, acompañados de galeras en construcción y embarcaciones auxiliares. Dos días después avistaron la flota holandesa, encabezada por la Mauritius. A pesar de su menor tamaño, el San Diego contaba con 14 cañones y 400 tripulantes.
Durante el enfrentamiento, Morga intentó embestir la Mauritius y logró abordarla. Sin embargo, una fuga en la línea de flotación, posiblemente provocada por el intenso fuego holandés, hizo que el galeón español empezara a tomar agua. El almirante neerlandés Olivier van Noort, al ver la situación, incendió su propio barco para obligar a sus hombres a abandonar la cubierta y combatir.

Al intentar escapar, el San Diego quedó demasiado cargado de agua; apenas había navegado doscientos metros cuando se hundió “como una piedra”. Morga y unos cien hombres sobrevivieron, mientras que los restantes trescientos perecieron, muchos ahogados o golpeados por remos de los holandeses.
El rescate arqueológico
Tras cuatro siglos bajo el mar, el equipo de Goddio recuperó 34 407 objetos, entre los que destacan cañones, anclas, monedas de plata mexicana, porcelana china de la dinastía Ming, armas de fuego, armaduras, instrumentos de navegación y restos biológicos. La mayor parte de la colección (75 %) fue entregada al Museo Naval de Madrid; el resto quedó en el Museo Nacional de Filipinas.

Hallazgos sorprendentes: los mercenarios japoneses
Entre los objetos más curiosos se encontraron guardias de espada japoneses (tsubas) y otras armas orientales. Estos pertenecían a los mercenarios samuráis contratados por Morga para reforzar las tropas auxiliares filipinas. En aquel periodo, muchos japoneses, perseguidos por su fe cristiana tras los edictos de Toyotomi Hideyoshi (1587) y Tokugawa Ieyasu (1614), se refugiaron en Manila, formando una comunidad propia y trabajando como soldados o comerciantes.

Legado
El naufragio del San Diego ilustra la compleja interacción entre imperios europeos y asiáticos en el Pacífico del siglo XVII. Los hallazgos arqueológicos no solo revelan la tecnología naval de la época, sino también la presencia de guerreros japoneses en un conflicto español‑holandés. Los objetos recuperados continúan ofreciendo valiosa información a historiadores y público en general.