Una joya tallada en piedra
En el pintoresco pueblo de Aubeterre‑sur‑Dronne, al suroeste de Francia, se esconde la iglesia de San Juan, excavada directamente en la roca caliza que domina el río Dronne. Su origen se remonta a unos 1.400 años, aunque hoy se le suele llamar iglesia monolítica, término que no describe con precisión su verdadera naturaleza.
De cripta paleocristiana a majestuosa nave benedictina
La cripta original se construyó en el siglo VII d.C. En 1961 se descubrieron allí hasta 80 sarcófagos tallados en la roca, pertenecientes a la época medieval; hoy pueden observarse desde un balcón. En el siglo XII, una comunidad de monjes benedictinos añadió una nave amplia y cubierta por una bóveda, que se eleva 20 m y está rodeada en tres lados por una galería situada a 15 m de distancia, accesible mediante una escalera tallada en la piedra.
La galería, que originalmente se abría al exterior del acantilado y servía de entrada, está ahora cerrada. Grandes arcos y macizas columnas, que nacen de bases octagonales y terminan en cuadrantes, delimitan las naves laterales, todo ello tallado directamente en la roca.
La longitud total de la iglesia alcanza los 27 m y su anchura 16 m. En su interior destaca una reliquia hexagonal de 6 m de altura, cuyo diseño evoca la tumba constante del Santo Sepulcro de Jerusalén.
Funerales, arte y curiosidades
En el recinto reposan los restos de dos niños y de François d'Esparbes de Lussan, mariscal de Aubeterre. También se conserva una pila bautismal paleocristiana, decorada con una cruz griega en su base, tallada en el suelo como una pequeña piscina.
La nave está plagada de tumbas, pues los entierros continuaron allí hasta 1865, cuando fueron prohibidos por razones sanitarias.
Accesibilidad y entorno
A diferencia de otras iglesias subterráneas, no es necesario descender por pasadizos empinados para visitarla. La entrada se sitúa a nivel del suelo, a mitad de la colina rocosa que domina el pueblo, y es accesible para personas con movilidad reducida, mediante el pago de una tarifa de entrada.
Junto a la iglesia se alza un castillo conectado a ella por un pasadizo subterráneo visible en la esquina norte de la galería. La tradición afirma que servía para que los señores asistieran a misa, aunque lo más probable es que fuera un canal de drenaje de aguas pluviales.
Un episodio revolucionario
El 12 de febrero de 1794, durante la Revolución Francesa, se instaló en la cripta un horno para producir nitrato de potasio, uno de los componentes de la pólvora. El proyecto se abortó en julio de 1795 tras constantes robos.
Orígenes misteriosos
La cripta quedó oculta hasta 1961, cuando el colapso de la calle frente a la iglesia, provocado por un camión, reveló la antigua sala. Algunos investigadores la datan en el siglo IV d.C. y la relacionan con el culto a Mitra, ya que su forma y dimensiones recuerdan al templo de Mitra del siglo II descubierto bajo la Basílica de San Clemente en Roma.
Lo que está claro es que todo el complejo fue tallado en la roca, ampliando cuevas preexistentes que los primeros cristianos adaptaron para su culto.
Otras iglesias subterráneas en la región
Aunque es la más alta de su tipo en Francia, no es la única. En la misma zona se encuentran la iglesia monolítica de Saint‑Émilion y la capilla del ermitaño de Saint‑Martial en Mortagne‑sur‑Gironde.