El Nahr al‑Kalb, un valle de historia
El río Nahr al‑Kalb (llamado Lykos en la antigüedad) nace cerca del pueblo de Jeita y recorre apenas 31 km antes de desembocar en el Mediterráneo, a unos 30 km al norte de Beirut, capital del Líbano. En verano suele estar prácticamente seco, pero el cañón que forma y su desembocadura son un auténtico tesoro arqueológico.
Una ruta marcada por reyes y conquistadores
Desde el siglo XIV a.C. hasta la época contemporánea, generales, conquistadores y monarcas han erigido aquí estelas con dedicatorias y relieves. El conjunto, conocido como Estelas conmemorativas del Nahr al‑Kalb, consta de unas 20 piezas que relatan más de tres mil años de historia.
Primeros testimonios europeos
El viajero del siglo XVII Henry Maundrell describió este lugar en su obra de 1703 Journey from Aleppo to Jerusalem at Easter A.D. 1697:
Inscripciones egipcias
Franz Heinrich Weissbach, quien estudió las inscripciones en 1922, identificó tres estelas en jeroglíficos egipcios, todas con el nombre del faraón Ramsés II. Se cree que al menos una se colocó durante la primera campaña del faraón en el Levante, marcando el río Lykos como frontera entre la provincia egipcia de Canaán y el territorio hitita. En la actualidad solo se leen claramente el nombre «Ramsés II» y el «año 4» de su reinado.
Inscripciones asirio‑babilónicas
Se hallan seis textos cuneiformes neo‑asirios y neo‑babilonios. Uno relata la toma de Memphis por el rey asirio Asarhaddón en 671 a.C., mencionando ciudades como Ascalón, Tiro y Taharqa, y citando a 22 reyes vasallos. Otro está atribuido a Nabucodonosor II (604‑562 a.C.), famoso por los Jardines Colgantes y por la conquista de Judá y Jerusalén.
Inscripciones greco‑romanas
Destaca la placa de la Legio III Gallica del emperador Caracalla, que menciona la construcción de una carretera en el lugar. Fue esta inscripción la que contenía la expresión Lyco flumen, clave para identificar el Nahr al‑Kalb con el antiguo río Lykos.
Otra inscripción griega conmemora una obra de ingeniería dirigida por Proculus, gobernador bizantino de Fenicia, en el año 382 d.C. bajo el reinado de Teodosio I.
Inscripciones islámicas
La más antigua es un dedicatoria al sultán de la dinastía Buryid, que gobernó Egipto entre 1382 y 1517 durante el sultanato mameluco. Otra, dedicada al emir Fakhr‑al‑Din II del Líbano, se había vuelto ilegible para el siglo XIX debido al desgaste.
Inscripciones coloniales y del siglo XX
El monumento que recuerda la intervención de Napoleón III en el Líbano (1860‑1861) celebra la restauración del orden tras la rebelión maronita. En 1919 se erigió una placa que conmemora la captura de Damasco, Homs y Alepo por las fuerzas aliadas al final de la Primera Guerra Mundial.
Durante la década de 1920, los soldados franceses del general Gouraud dejaron su huella tras la Batalla de Maysalún (julio 1920). En 1942, los Aliados tallaron otra inscripción para celebrar la liberación de Siria y Líbano del régimen de Vichy.
En 1946 se erigió un monumento que celebra la independencia del Líbano (alcanzada en 1943), y en 2000 se añadió una placa que marca la retirada de las tropas israelíes.
Distribución actual de las estelas
Hoy todas las estelas están numeradas, salvo las posteriores a 1920. La única ubicada en la margen derecha del río corresponde a Nabucodonosor II; el resto se sitúan en la margen izquierda, en un orden que mezcla épocas y estilos, como el obelisco de 1942 que se superpone a la inscripción romana de Caracalla.
Por qué el Nahr al‑Kalb fue tan estratégico
El cañón profundo del río solo permite cruzarlo cerca de su desembocadura, convirtiéndolo en un paso estratégico para los ejércitos invasores. Los egipcios fueron los primeros en abrir senderos en la roca, ampliados luego por los asirios. Los romanos, bajo Marco Aurelio (alrededor del 180 d.C.), tallaron una calzada a unos 30 m sobre el nivel del mar.