Descubrimiento
En noviembre de 1897, el agricultor Alphonse Roux encontró, mientras trabajaba en un campo de Verpoix (municipio de Coligny, Auvernia‑Ródano‑Alpes), lo que parecía ser una bolsa de tela desintegrada a 30 cm bajo tierra. En su interior había 550 fragmentos de bronce.
Análisis de los hallazgos
Los objetos, adquiridos por los Musées de Lyon, fueron estudiados por el curador Paul Dissard, quien identificó dos piezas distintas: una estatua galo‑romana de más de un metro y medio de altura (aproximadamente 400 fragmentos) y un calendario incompleto (149 fragmentos, de los cuales 126 llevan inscripciones).

Contexto histórico
Ambas piezas fueron destruidas alrededor del año 275 d.C., probablemente durante una de las frecuentes incursiones de los alamanes bajo el mando de Chroco, jefe tribal al que se le atribuye, con exageración, la destrucción de todos los templos galos.
Reconstrucción del calendario
Dissard logró ensamblar el calendario en solo 15 días, dándole la forma de una tabla de 1,48 × 0,90 m. Los 149 fragmentos recuperados cubren apenas dos tercios de la superficie total. El documento está organizado en 16 columnas de 8 bloques, representando 62 meses. Cada día tiene un agujero al lado, donde se insertaba una clavija para señalar la fecha.
Características lingüísticas y epigráficas
Las inscripciones están en caracteres latinos, pero el idioma del texto es el galo. Con cerca de 2 000 palabras y aproximadamente 130 líneas por columna, constituye el documento más extenso que se conserva en lengua gala; unas 70 palabras fueron desconocidas antes de su hallazgo.
Por ello, el calendario es una fuente epigráfica esencial para comprender la antigüedad celta, ofreciendo datos sobre la concepción del tiempo, el conocimiento astronómico y la tradición druídica.

Debate sobre su uso
Algunos expertos destacan su carácter druídico, mientras que otros lo consideran un calendario de uso público, similar a los modelos griego y romano.
Estructura lunisolar
Gracias al Calendario de Coligny y a otro fragmentario hallado en Villards‑d’Hériad, se ha podido reconstruir el calendario celta. Era lunisolar: combinaba las fases de la luna y el año solar. Los meses eran lunares y el año constaba de 354 o 355 días, iniciando con el mes Samonios (posiblemente el solsticio de verano o el equinoccio de otoño).

El mes se dividía en dos mitades; la quincena era la unidad básica. Julio César menciona que los galos siempre comenzaban sus días, meses y años con una mitad oscura seguida de una mitad clara.
Los meses de 30 días se llamaban Matos (afortunados) y los de 29 días Anmatos (desafortunados). Los nombres de los demás meses, después de Samonios, son: Dumannios, Riuros, Anagantios, Ogronios, Cutios, Giamonios, Simi‑Visonnios, Equos, Elembivios, Aedrinios y Cantlos.

Conclusiones y exhibición
El estilo de escritura y la estatua encontrada junto a los fragmentos confirman que el calendario pertenece a un contexto galo‑romano de finales del siglo I d.C. Su complejidad evidencia un avanzado conocimiento astronómico.
Hoy tanto el calendario como la estatua se exhiben en el Museo Galo‑Romano de Fourvière. Una reconstrucción del calendario está visible en el Ayuntamiento de Coligny.