El valle de Val Camonica, en la provincia de Brescia, en los Alpes italianos, alberga la colección de arte rupestre más extensa del planeta: más de 200 000 grabados en piedra arenisca distribuidos en ocho parques arqueológicos.
Lo sorprendente es que los primeros datan del Paleolítico Superior y los más recientes del siglo XIX, cubriendo un lapso de más de diez mil años. Por su valor universal, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1979.
La mayor parte de los grabados más antiguos se realizaron entre 8000 y 1000 a.C., mientras que la mayor proporción (70‑80 %) corresponde a la Edad del Hierro, época de los camunos, habitantes que también vivieron bajo dominio romano.
Mesolítico (8.º‑6.º milenio a.C.)
Los primeros trazos pertenecen a cazadores‑recolectores nómadas que representaron ciervos y alces, algunos heridos con lanzas, tallados directamente en la roca.
Neolítico (5500‑3300 a.C.)
Con la aparición de la agricultura y los asentamientos permanentes surgieron nuevos motivos: perros, cabras, toros y figuras geométricas (rectángulos, círculos, puntos) que podrían indicar parcelas cultivadas.
Calcolítico o Edad del Cobre
Aparecen figuras humanas, arados, herramientas, armas y símbolos astronómicos.
Edad del Bronce y del Hierro (2.º‑1.º milenio a.C.)
Los motivos se estilizan y se añaden representaciones de chozas, laberintos, huellas y escenas de caza. La mayor parte de los petroglifos pertenecen a este período.
El mapa de Bedolina
Grabado en una losa de arenisca de 9 × 4 m, es uno de los mapas topográficos más antiguos conocidos. Representa cultivos, senderos de montaña, aldeas y la famosa Rosa Camuna. Se identifican 109 elementos entre 1000 y 200 a.C., como caminos, guerreros, animales y cabañas.
La Rosa Camuna
Este símbolo, adoptado como emblema de la región de Lombardía, consiste en una línea cerrada que rodea nueve copas prehistóricas. Se presenta de forma simétrica, asimétrica o como una esvástica.
Se interpreta como un símbolo solar vinculado al movimiento astral, tallado entre los siglos VII y I a.C. Su nombre actual es una invención moderna; el origen exacto del símbolo sigue sin conocerse, aunque se asemeja a otros motivos europeos de la época.
De la época romana a la actualidad
Tras la conquista romana, los camunos continuaron grabando, aunque con menor intensidad, durante la Antigüedad y la Edad Media. En el bajo medievo se intensificó de nuevo, incorporándose símbolos cristianos (cruces, llaves) que se superponían a los diseños paganos.
Descubrimiento en el siglo XX y el interés nazi
El geógrafo italo‑suizo Walther Laeng reconoció la importancia de los grabados en 1909, pero solo en la década de 1920 comenzaron los estudios sistemáticos.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, el sitio atrajo a Heinrich Himmler y su Ahnenerbe, que buscaban pruebas de una supuesta raza aria ancestral. Entre 1935 y 1937 financiaron al profesor Franz Altheim y a su asistente Erika Trautmann, quienes catalogaron numerosos grabados y propusieron teorías raciales infundadas.
Tras la guerra, Laeng retomó la investigación con colaboradores y, en 1954, elaboró el primer mapa de los 93 peñascos que integran el Parque Nacional de los Grabados Rupestres.
Desde los años 60 se han llevado a cabo investigaciones sistemáticas y labores de conservación.
Según la UNESCO, los grabados de Val Camonica son "una extraordinaria documentación figurativa de costumbres y mentalidad prehistóricas" y su estudio aporta "una considerable contribución a la prehistoria, la sociología y la etnología". Se estima que solo se ha descubierto el 80 % del total.