Los textos de execración son una práctica milenaria que consistía en escribir el nombre de un enemigo sobre una figura o un objeto y destruirlo simbólicamente para causarle daño. Este ritual, presente en gran parte del Próximo Oriente antiguo, se documenta en inscripciones egipcias que describen una forma de magia simpática basada en el principio de “como es, así será”.
Definición y alcance del término
Según la Real Academia Española, execrar significa “condenar y maldecir con autoridad sacerdotal o en nombre de lo sagrado”. Por tanto, los textos de execración combinan dos elementos esenciales: el odio hacia una persona, grupo o estado y el carácter sagrado que se le confiere al acto.
Orígenes y difusión
Los primeros ejemplos aparecen en el Creciente Fértil, en lugares tan conocidos como Biblos, Jerusalén, Damasco, Tiro, Acre, Qadesh, Tebas, Kush, Abydos, Saqqara o Guiza. En muchos casos los restos no se han conservado porque estaban hechos de materiales perecederos como textiles o madera.
Materiales y forma de los objetos
Generalmente se trataba de pequeñas estatuillas antropomórficas de barro sin cocer, aunque también se emplearon vasijas de cerámica, bloques de piedra o incluso cera. Sobre el pecho o la superficie se inscribía el nombre del enemigo, ya fuera una persona, una ciudad o un estado extranjero. En algunos casos, como la inscripción fenicia de Tabnit del siglo V a.C., la práctica se extendía al ámbito privado.
Valor arqueológico e histórico
Cuando los fragmentos se ensamblan y traducen, los textos de execración se convierten en fuentes documentales auténticas que revelan detalles de la política exterior e interna de las civilizaciones que los produjeron. No están escritos en jeroglíficos, sino en escritura hierática, menos formal y usada habitualmente en documentos administrativos y religiosos.
Rituales de destrucción
Una vez escritas, las figuras se destruían para impedir su reutilización: se aplastaban, trituraban, quemaban, cortaban, ataban y depositaban en pequeños sarcófagos. En algunos casos se escupía sobre ellas o incluso se les practicaban actos fisiológicos. Los restos finales se colocaban en pozos cercanos a tumbas o a lugares de culto.
Chronología egipcia
La práctica se documenta desde el Antiguo Reino hasta el Nuevo Reino, cubriendo aproximadamente 1 500 años, entre 2686 a.C. y 1069 a.C. Los textos más antiguos pertenecen a la Sexta Dinastía (c. 2324‑2160 a.C.).
Principales hallazgos
- Giza: cerca de 500 estatuillas con nombres de ciudades y pueblos extranjeros, incluyendo la posible primera mención de Jerusalén. Publicadas por Kurt Sethe en 1926 bajo el título Texts from Berlin.
- Saqqara: “Textos de Bruselas”, publicados por Georges Posener en 1957, que enumeran siete países, 64 ciudades y 30 gobernantes.
- Mirgissa (Sudán): vasijas de cerámica y estatuillas de barro, piedra y cera, descritas por Yvan Koenig en 1990 como los Mirgissa Texts.
- Avaris (Tell el‑Dabb‘a): pozos con cráneos humanos, dedos y fragmentos de vidrio, asociados a rituales del Imperio Nuevo.
Relación con la Biblia
Los nombres cananeos, fenicios, nubios, libios y sirios que aparecen en los textos confirman la existencia de conflictos constantes con Egipto. Estos documentos son una fuente invaluable para los estudios bíblicos; se citan ejemplos de execraciones en Daniel 11:41, Isaías 11:14, Jeremías 48‑49, Sofonías 2:8‑9, Ezequiel 25:1‑14 y Nehemías 13:1‑2.
Gracias a estos textos se ha podido identificar, por ejemplo, que los “hijos de Set” mencionados en la Biblia correspondían a los moabitas.