Descubrimientos arqueológicos

El Coloso de Barletta: la monumental estatua romana del siglo V que oculta la identidad del emperador

Descripción de la estatua

Frente a la Basílica del Santo Sepulcro, en la ciudad costera de Barletta (Apulia, Italia), se alza un coloso de más de 5 metros de altura que representa a un emperador romano. La figura es de barba, parece tener unos 50 años y tiene la cabeza ligeramente inclinada a la izquierda. Su rostro es asimétrico, más ancho y redondo a la derecha.

En su mano derecha levanta lo que originalmente pudo haber sido un cetro, una lanza o un lábaro; posteriormente se le añadió una cruz. En la izquierda, ocultada por la capa y con el codo doblado, sostiene un orbe.

Viste dos túnicas; la inferior se percibe en el hombro derecho y el codo izquierdo, y lleva una coraza de cuero con una faja decorada con gorgonas atadas con un nudo de Hércules (nudo de escota). El diadema imperial, de unos 15 cm de ancho, está bordeada de perlas en forma de pera (≈ 50 en la parte inferior y 48 en la superior) y posee un hueco cuadrangular para una gema preciosa, además de 17 cavidades gemelas a los lados.

Leyendas y primeros registros

Una leyenda cuenta que la estatua emergió de la arena después de que un barco veneciano, que regresaba del saqueo de Constantinopla en 1204, naufragara. Sin embargo, los análisis no hallaron evidencia de exposición al mar. En 1231 se encontró una estatua colosal en Ravenna, que el emperador Federico II trasladó a sus dominios en Apulia. Las primeras menciones del coloso de Barletta datan de 1309, cuando Carlos II de Anjou autorizó a los dominicos a usarla para fundir campanas.

Restauraciones y estudios científicos

En 1491 el escultor Fabio Alfano reconstruyó la estatua, reemplazando piernas, fragmentos de antebrazos y la parte superior del cráneo. Estudios de la Universidad de Palermo sitúan su origen en la primera mitad del siglo V d.C. Se cree que estuvo completamente dorada, salvo los pliegues de la ropa, el borde de la diadema y la túnica, que estaban recubiertos de bronce. Los blancos de los ojos son de plata, según el sulfuro de plata hallado bajo los párpados.

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¿A qué emperador representa?

La tradición italiana lo identifica como Heraclio (610‑641), incluso se le atribuye al escultor Polifobo. Sin embargo, la investigación moderna no ha confirmado esa hipótesis.

Otras posibilidades incluyen a Honorio, Valentiniano I, Teodosio II, Marciano o León I el Tracio, todos ellos reinantes entre los siglos IV y V. La elección de Valentiniano I se basa en la similitud de la cabeza con sus monedas; la de Teodosio II surge de la comparación con una cabeza de mármol datada en 440 d.C. y por una joya de su madre hallada en la diadema. En el caso de León I, algunos arqueólogos sugieren que el coloso pudo haber coronado su columna honoraria en Constantinopla, cuya dimensión coincide con la estatua.

En conclusión, la identidad exacta del emperador sigue sin resolverse, y la estatua sigue siendo un enigmático testimonio del arte imperial romano.