Introducción
En artículos anteriores hablamos de la Pirámide Escalonada, su arquitecto Imhotep y el rey Zoser, para quien fue construida. En la base de una de sus estatuas aparece un ave rejit acompañada de signos que constituyen la representación más antigua conocida de la expresión egipcia Los Nueve Arcos, usada para referirse a los distintos grupos humanos, sobre todo a los extranjeros.
El ave rejit y su origen
El rejit es el ícono que identificaba al ave Vanellus, una ave acuática frecuente en el Nilo. Su nombre sonaba similar a la frase «todos los pueblos me alaban», lo que hizo que el pictograma se utilizara también para aludir a los foráneos.
En un principio la expresión se refería únicamente a los enemigos de Kemet, el nombre que los egipcios daban a su tierra ("tierra negra" o "lodo fértil del Nilo que prolonga la vida"). Con el tiempo su alcance se amplió a cualquier pueblo ajeno.

Uso jeroglífico del ave rejit
El ave también se empleaba en jeroglíficos tallados en puertas de templos para indicar que esa zona estaba abierta al público, añadiendo brazos humanos al ave. Esa doble función hizo que, con el paso de los siglos, el significado del símbolo evolucionara: primero designó a los pueblos conquistados y después al propio pueblo egipcio.
Representación de los Nueve Arcos
En relieves y papiros, los Nueve Arcos no aparecen como un ave, sino como una serie de signos: un semicírculo (el arco) seguido de tres grupos de líneas verticales, repetidos nueve veces. A veces los arcos aparecen en pares, aludiendo a las alas atadas del ave rejit.
El número nueve simboliza la totalidad (3×3); el arco, con valor fonético nb, se traduce como «todo», aludiendo a los infinitos territorios extranjeros. Las líneas indican plural. La transcripción fonética es psḏt pḏt («pesedjet pedjet»).

Significado simbólico
Los Nueve Arcos pasaron de describir a la humanidad conocida (incluidos los egipcios) a señalar los territorios circundantes, potencialmente conquistables o peligrosos. No existe una lista fija, pues el Imperio egipcio cambió de fronteras a lo largo de los siglos; entre los grupos mencionados están nubios, libios, hititas, sirios y persas.
La cosmovisión egipcia estaba marcada por un dualismo entre orden y caos (Osiris vs. Seth). Los extranjeros encarnaban el caos, mientras que los Nueve Arcos reforzaban la autoridad del faraón, quien mostraba su poder al derrotar a los enemigos.
Ejemplos escultóricos
La representación más antigua completa se halla en la base de una estatua sentada de Zoser (III dinastía, ca. 2665‑2645 a.C.), cuyos pies pisan los arcos, probablemente aludiendo a los nubios, entonces situados más allá del primer catarata.
Registros anteriores aparecen ya en el periodo Predinástico Tardío (3200‑3000 a.C.), como un cetro de Nejen con nueve arcos tallados, o la maza del Rey Escorpión con el mismo motivo. A partir del Imperio Medio, los arcos se hallan frecuentemente en esculturas de piedra y metal.

Ejemplos destacados:
- El esfinge de bronce de Tutmosis III (dinastía XVIII) muestra al faraón recostado sobre los Nueve Arcos, acompañados de dos aves rejit y el fonema nb, formando la frase «todos los pueblos me alaban».
- Una base de Ramsés II en Antinópolis (dinastía XIX) conserva sólo los pies del faraón, que pisan los arcos.
- En la época de Nectanebo II (XXX dinastía) una base sin estatua lleva la inscripción «todos los pueblos me alaban» junto a Ntr‑Nfr («Faraón magnífico»).
- En el sarcófago de Tutankamón (dinastía XIX) el sello de arcilla que cerraba la tumba muestra al chacal Anubis sobre los Nueve Arcos; sus sandalias presentan ocho lazos con siluetas de extranjeros, simbolizando su pisoteo.

Legado y uso posterior
El concepto trascendió el ámbito egipcio y apareció en otras culturas, incluso en la Biblia (Salmos 110:1). Hoy, la idea de «pisotear al enemigo» es universal.