La Península Arábiga está cubierta hoy por vastos desiertos inhóspitos, pero los científicos saben desde hace una década que en el pasado fue mucho más verde y húmeda.
Fotografía sin fecha de fósiles de animales sobre la superficie de un lago antiguo llamado “Alathar”, en Arabia Saudita.
Hace 120.000 años, en lo que hoy es el norte de Arabia Saudita, un grupo de Homo sapiens —nuestros antepasados directos— se detuvo en un lago frecuentado también por camellos, búfalos y elefantes de dimensiones superiores a las especies actuales. La estancia fue breve; el lago constituía solo una parada en un largo viaje.
Escena reconstruida por los investigadores
Los científicos recrearon esta escena en un estudio publicado el 17 de septiembre de 2020 en la revista Science Advances, tras descubrir huellas humanas y de animales en el desierto de Nefud, lo que aporta nuevas pistas sobre las rutas seguidas por nuestros ancestros tras abandonar África.
“En épocas pasadas los desiertos que hoy dominan el interior de la península se convirtieron en extensas praderas, con lagos y ríos permanentes”, explicó a AFP el coautor del estudio, Richard Clark‑Wilson, de la Universidad Royal Holloway (Reino Unido).
Vista sin fecha de la superficie del antiguo lago “Alathar”, Arabia Saudita. Crédito: Badar ZAHRANI/AFP/Archivos.
“Pareciera que estas personas cruzaban el lago en busca de agua y alimento”
El autor principal, Mathew Stewart, del Instituto Max Planck en Alemania, descubrió las huellas durante su doctorado en 2017, cuando la erosión expuso los sedimentos del lago “Alathar” (que significa “la huella” en árabe).
“Las huellas son una evidencia fósil única que captura un instante de tiempo, del orden de horas o días. Con otros registros no se logra esa resolución”, señaló.
Las huellas se dataron mediante luminescencia estimulada ópticamente (OSL), una técnica que consiste en iluminar granos de cuarzo y medir la energía que liberan.
Primera huella humana encontrada en la superficie del lago “Alathar”. Crédito: Klint JANULIS/AFP/Archivos.
De los cientos de rastros hallados, siete fueron confirmados como pertenecientes a homínidos; cuatro de ellas corresponden a dos o tres individuos que se desplazaban juntos, según la orientación, la distancia entre ellas y las diferencias de tamaño.
La estatura y la masa corporal de los portadores indican que se trataba de humanos modernos, no de neandertales, que tampoco habitaban esa zona en esa época.
La ausencia de herramientas de piedra sugiere que el sitio no estuvo habitado de forma permanente. “Parece que estas personas cruzaban el lago para conseguir agua y alimento, al mismo tiempo que los animales”, afirma Stewart.
Huella de elefante sobre la superficie del lago “Alathar”. Crédito: Paul BREEZE/AFP/Archivos.
La presencia de elefantes indica un entorno rico en vegetación y agua. En el mismo lugar se recuperaron 233 fósiles, lo que respalda la hipótesis de que depredadores cazaban herbívoros alrededor del lago, tal como ocurre hoy en las sabanas africanas.
Se sabe que los humanos colonizaron Eurasia a través de Grecia y el Levante, aprovechando los recursos costeros. Este nuevo hallazgo sugiere que “las rutas interiores, siguiendo lagos y ríos, pudieron haber sido particularmente importantes”, según Stewart.
“La combinación de animales gigantes como elefantes e hipopótamos, extensas praderas y abundante agua, habría convertido el norte de Arabia en un punto de paso muy atractivo entre África y Eurasia”, resume Michael Petraglia, coautor del estudio y también del Instituto Max Planck.