En su reciente libro Cosmogonías, el historiador Julien d'Huy muestra cómo, gracias a tecnologías avanzadas, la filogenia de los mitos permite retroceder a los orígenes de la humanidad.

Los mitos y la humanidad
Desde el “Mito del buceo cosmogónico” hasta el “Sol robado” o la “Mujer‑pájaro”, los relatos han acompañado al ser humano desde la aurora de los tiempos. Basta con contemplar las cuevas decoradas del Paleolítico o recordar los grandes mitos de la Antigüedad para comprobarlo.
Parecidos familiares
Algunos mitos complejos presentan una sorprendente “parecida familiar”. D'Huy plantea que, más que una imaginación universal, estos relatos conservan vínculos reales: variantes que se han ido modificando a lo largo de milenios mientras se difundían. Para demostrarlo, emplea herramientas estadísticas que resaltan similitudes y diferencias, identificando tendencias mayores.

Construcción de árboles mitológicos y redes de conexión mediante métodos filogenéticos. ©Pixabay
Cortar los mitos en "mythemes"
Según el investigador, "dos variantes de un mito complejo que se parecen mucho tienen altas probabilidades de compartir un ancestro común". Para probarlo, fragmenta cada versión en unidades mínimas —los "mythemes"— que contienen una sola pieza de información (por ejemplo, “un héroe”, “dos héroes”, “una heroína”). Cada mytheme se codifica binariamente (0 o 1) y se compara con los demás, generando así árboles filogenéticos basados en datos matemáticos.
Los mitos acompañan las migraciones humanas
Al cruzar los resultados filogenéticos con datos genéticos, d'Huy observa que la difusión de ciertos mitos sigue rutas migratorias. Un ejemplo es el mito de Polifemo, el cíclope de la Odisea, que aparece no solo en Grecia, sino también entre los pueblos bascos, en Eurasia y en América del Norte (entre los Niitsitapi, donde el héroe se esconde bajo una piel de bisonte). La trayectoria sugiere una transmisión desde Asia a América a través del estrecho de Bering.
Del mismo modo, d'Huy destaca la cercanía entre mitos khoisan (cazadores‑recolectores de África) y los de los aborígenes australianos, cuyas similitudes datan de las primeras expansiones de Homo sapiens hace entre 70.000 y 100.000 años. "Estimo que entre 20 y 40 mitos pueden rastrearse directamente hasta la salida de los humanos de África", afirma el investigador. Estos hallazgos, combinados con la genética, podrían permitir reconstruir migraciones y contactos poblacionales desde el Paleolítico.