Orígenes antiguos
El uso de las huellas dactilares como medio de identificación personal se remonta a la antigua Babilonia, hace más de 3.800 años. Allí se utilizaban como firmas en tablillas de arcilla para registrar transacciones comerciales.
El aporte de Henry Faulds
En 1880, el científico escocés Henry Faulds publicó un artículo que defendía la singularidad y permanencia de las huellas dactilares. Propuso un sistema de clasificación basado en cinco patrones: arcos, bucles, espirales, y dos formaciones menos comunes, los compuestos y los accidentales. Este método resultó tan eficaz que sigue siendo una pieza clave en la identificación dactilar actual.
El desarrollo en Londres
En septiembre de 1896 Sir Edward Richard Henry fue nombrado Asistente del Comisario de la Policía Metropolitana de Londres. En ese momento Scotland Yard recibía numerosas solicitudes para comparar huellas dactilares con las de criminales conocidos.
El 1 de julio de 1901 se creó la Sección de Huellas Dactilares en Scotland Yard, convirtiéndose en un departamento operativo completo dedicado al estudio y comparación de impresiones.