Los arqueólogos obtienen información a partir de los restos materiales que dejan las culturas que investigan. Entre las fuentes más habituales se encuentran:
- Registros escritos: crónicas, inscripciones o documentos que describen costumbres y eventos.
- Restos de infraestructuras: viviendas, templos, caminos y otras construcciones que revelan la organización social y tecnológica.
- Necrópolis y tumbas: proporcionan datos sobre rituales funerarios, estratificación social y, mediante el análisis de restos óseos, la salud y la dieta.
- Artefactos: herramientas, utensilios, objetos decorativos y artesanales que ilustran las actividades cotidianas y la creatividad de la población.
Además, técnicas modernas como la datación por radiocarbono, el análisis de ADN antiguo y la espectroscopía de materiales complementan la información obtenida de estos vestigios.