En la antigüedad, las tumbas se rellenaban con una serie de objetos destinados a acompañar al difunto en la vida después de la muerte.
Cuerpo del difunto
El cuerpo era el elemento central; se embalsamaba y se envolvía en vendajes de lino antes de su sepultura.
Objetos personales
Se incluían pertenencias como joyas, ropa y muebles, que reflejaban la identidad y el estatus del fallecido.
Alimentos y bebidas
Se dejaban alimentos y bebidas para que el difunto tuviera sustento en el más allá.
Objetos funerarios
Se añadían objetos útiles en la otra vida, como armas, herramientas y cerámica.
Textos funerarios
Se insertaban escritos en papiro o piedra —oraciones, himnos e instrucciones— que guiaban al fallecido en su viaje al más allá.