Figuras Históricas

Ibn Khaldún, historiador del Islam medieval


Ibn Khaldún, historiador del Islam medievalIbn Khaldún (1332‑1406) fue un historiador y alto funcionario árabe de la Edad Media, autor del primer método historiográfico y de la primera historia universal escrita en árabe. Menos conocido que Avicena y Averroes, su personalidad, su vida agitada y su monumental obra merecen una atención especial. Historiador, geógrafo, político e incluso sociólogo antes de su tiempo, Ibn Khaldún se sitúa entre los mayores sabios de la época medieval y más allá.

Ibn Khaldún en su tiempo: una vida "romántica"

Su nombre completo era ‘Abd al‑Rahmân ibn Khaldún al‑Hadramî. Nació en Túnez en 1332 y murió en El Cairo en 1406. Fue contemporáneo de los meriníes de Marruecos (1269‑1420), los hafsíes tunecinos (1228‑1574), los nazaríes de Granada (hasta 1492), los mamelucos egipcios (1250‑1517) y del Imperio mongol de Tamerlán (1331‑1405), con quien se encontró en Damasco en 1401. En Occidente, sus años coincidieron con la dinastía valois (1328‑1498) y los inicios de la Guerra de los Cien Años (1337‑1453).

Ibn Khaldún, historiador del Islam medievalEn el plano cultural, en Francia florecían Jean Froissart, en Italia Petrarca y Boccaccio, y en Inglaterra Chaucer. En el mundo musulmán, la época de Ibn Khaldún coincidió con la del poeta iraní Hâfez de Shiraz (1320‑1389), Ibn Batuta (1304‑1377), el geógrafo Al‑Umarî (fallecido en 1349) y, sobre todo, del andalusí Ibn al‑Khatîb (1313‑1374), visir de los nazaríes, autor de una biografía de Ibn Khaldún.

La vida del historiador estuvo marcada por la adversidad, lo que alimentó su obra. Conocemos gran parte de su trayectoria a través de su autobiografía. Nació en Túnez en una familia andaluza de origen surárabe que había emigrado varias generaciones atrás. Se consideraba esencialmente árabe, pero valoraba la civilización andaluza como superior, aunque nunca dejó de sentirse ligado a Ifriqiya. Creció en un entorno de gran cultura: su bisabuelo fue ministro de los hafsíes, su padre era erudito y lo educó antes de morir en la Gran Peste de 1349.

Huérfano a los dieciocho años, aprovechó la red familiar y en 1350 se convirtió en "Guardián del Sello". En 1353 estuvo en Bougie y pasó nueve años con los meriníes en Fez (1354‑1363). Los conflictos políticos le llevaron a pasar dos años en prisión (1357‑1358) y luego a un exilio en Granada (1363‑1365), sin dejar de formarse con los mejores eruditos, sobre todo marroquíes. En 1365 fue chambelán del sultán de Bougie, volvió a Fez entre 1372 y 1374 y, finalmente, emprendió su gran "retirada".

Como muchos sabios musulmanes, sintió la necesidad de una retirada casi mística (khalwa) durante la cual redactó la mayor parte de su obra. De 1374 a 1378 estuvo en Argel, donde escribió su Muqaddima en pocos meses; entre 1378 y 1382 completó las referencias bibliográficas y la presentó al sultán hafsí en 1382. Los últimos años los pasó en Egipto, donde fue profesor de derecho malikí, ocupó varias veces el cargo de qadi (juez) y, en 1401, fue enviado a la corte de Tamerlán. A pesar de su fama, siguió enfrentando envidias y rivalidades. Fue enterrado en El Cairo, en el cementerio sufí reservado a eruditos y hombres de letras.

La obra magistral de Ibn Khaldún

Su obra cumbre es la Muqaddima, iniciada en 1377 y terminada en 1402. Ibn Khaldún la describió como "una historia universal completa que explica las causas de los acontecimientos. En síntesis, encapsula la filosofía de la historia… Saca lecciones tanto de las causas como de los hechos mismos". La Muqaddima es, en realidad, una introducción a esa historia universal, pero su verdadera revolución radica en el método. Se autodenominó historiador, pero también precursor de la sociología, cincuenta siglos antes de Auguste Comte: "Nuestro presente es una ciencia independiente cuyo objeto es la civilización y la sociedad humanas".

Utilizó fuentes como Al‑Tabarí o Al‑Idrîsî, estudió la Biblia por sí mismo y se basó en su experiencia directa. Su rigurosa metodología buscaba evitar los errores habituales de la historiografía, conscientes de que "las mentiras se introducen naturalmente en la información histórica".

Rechazó cuentos y leyendas, criticó cifras exageradas (por ejemplo, el número de combatientes en ciertas batallas) y, aunque no siempre se aplicó a sí mismo, mantuvo una postura crítica. En cuestiones religiosas, adoptó la postura típica de su época, pero intentó ser objetivo en la fitna entre sunitas y chiitas, pese a ser sunita malikí. Su tolerancia hacia los no musulmanes era limitada; afirmaba que "Dios es árabe" y expresaba un racismo violento contra los negros, describiéndolos como "una humanidad inferior, más cercana a los animales estúpidos que al hombre". Estas opiniones, aunque deplorables, reflejan su contexto histórico.

La Muqaddima busca, en última instancia, contribuir al pensamiento humano centrado en el problema del hombre. Sitúa la noción de asabiyya (espíritu de grupo) en el corazón de las relaciones sociales, contraponiendo la civilización beduina a la urbana. Asegura que la monarquía es el sistema natural para el ser humano y que una dinastía suele declinar tras tres generaciones, siguiendo un ciclo de tribu nómada‑sedentarismo‑nueva tribu. Su concepción de una organización social moderada prolonga ideas de Avicena (siglo XI) e Ibn al‑‘Aṭir (siglo XIII).

Un hombre adelantado a su tiempo

Ibn Khaldún anticipó ideas que sólo se consolidarían siglos después. Habló de evolución antes de Darwin y señaló la relación entre humanos y simios: "el plano humano se alcanza desde el mundo de los monos, donde la sagacidad y la percepción se encuentran, pero aún no han llegado a la reflexión y al pensamiento… el primer nivel humano sigue al mundo de los monos". Como buen sociólogo, subrayó la importancia del entorno: "el hombre es hijo de sus costumbres" y analizó fenómenos sociales como la destribalización o la evasión fiscal.

La obra y el carácter de Ibn Khaldún son excepcionales tanto para su época como para la nuestra. Si bien pertenece a la tradición de Averroes y Avicena, va más allá por la amplitud de su enfoque y su método riguroso, que puede describirse como moderno. Según Yves Lacoste (1966), "la obra de Ibn Khaldún marca la aparición de la historia como ciencia". Anticipó el Renacimiento europeo que surgió un siglo después de su muerte. Su mayor aporte radica en su pragmatismo, su enfoque práctico y su ausencia de dogmatismo.

Lecturas recomendadas

- Ibn Khaldún, Discurso sobre la Historia Universal. Al‑Muqaddima, traducido por Vincent Monteil, Thesaurus, 1997.

- Ibn Khaldún, Historia de los bereberes y de las dinastías musulmanas del Norte de África.

Biografías

- G. Martinez‑Gros, Ibn Khaldún y las siete vidas del Islam, Actes Sud, 2006.

- A. Cheddadi, Ibn Khaldún. El hombre y el teórico de la civilización, Gallimard, 2006.