Miembro del pueblo Mi’kmaq en Canadá, Nora Bernard (1935‑2007) se rebeló contra el sistema de escuelas residenciales forzadas para niños indígenas. La acción colectiva que impulsó resultó en una compensación para aproximadamente 79 000 víctimas.
Los Mi’kmaq
Segunda de seis hermanos, Nora Bernard nació el 22 de septiembre de 1935 en Nueva Escocia. Pertenece al pueblo algonquino Mi'kmaq, que llegó a la región hace diez mil años a través del estrecho de Bering. El nombre Mi'kmaq significa “mi hermano” o “mi amigo”. Tradicionalmente habitaban las provincias marítimas de Canadá y la Gaspésie, subsistiendo de caza, pesca y recolección según la temporada y desplazándose en canoas de corteza de abedul por los numerosos ríos de su territorio boscoso y de inviernos muy fríos. Vivían en wigwams, chozas cónicas construidas con una estructura de madera recubierta de ramas, corteza o pieles de animales.
Fueron uno de los primeros pueblos de Norteamérica en contactar a exploradores europeos desde el siglo XV, estableciendo relaciones de comercio de pieles con los franceses. Durante la colonización inglesa y francesa, especialmente en el siglo XVIII, se produjeron guerras entre los colonos británicos y los Mi'kmaq, que se aliaron con Francia. Los británicos crearon reservas indígenas, obligando a los Mi'kmaq a una semi‑sedentarización y a cambios profundos en su modo de vida. En todo Canadá, los pueblos originarios fueron víctimas de abusos, hambrunas inducidas, ejecuciones, privación de libertad, expropiación de tierras y asimilación forzada. Ya en 1820 el gobierno federal fundó "escuelas de internado indígenas", a las que los niños eran obligados a asistir y donde se les imponía la cultura y el idioma de los colonos.
Escuelas residenciales indígenas
Cuando Nora Bernard cumplió nueve años, las autoridades le advirtieron a su madre que, si no enviaba a sus hijos al internado, perdería la custodia. Así, Nora y sus hermanos fueron enviados a la Escuela Residencial Indígena Shubenacadie, en Nueva Escocia. Allí la niña presenció abusos y tratos crueles infligidos a los niños indígenas forzados a permanecer en la institución.
En el internado se enseñaba inglés y se prohibía hablar la lengua materna, que poco a poco se iba perdiendo. “Al final perdimos nuestro idioma. Después de cuatro años, a una edad tan temprana, se te borra la lengua”, recuerda el jefe Mi'kmaq Ben Sylliboy, quien estudió en la misma época. Además de la asimilación cultural forzada, Nora fue testigo de abusos físicos y sexuales, falta de atención médica, privación de alimentos y confiscación de ropa. “No era un lugar para un niño. Una vez que cruzas esas grandes puertas y se cierran detrás de ti, es como entrar a una prisión”, dijo más tarde.
El hacinamiento y la escasa atención sanitaria provocaron brotes de tuberculosis que cobraron muchas vidas. Se estima que entre 3 000 y 6 000 niños murieron en estos internados, una cifra que nunca se podrá confirmar con exactitud porque muchos cementerios adyacentes fueron destruidos o cubiertos por construcciones.
En el internado, Nora se convirtió en defensora de los niños abusados. Su hermana menor, Linda, relata: “Si veía que alguno de nosotros era tratado con dureza, ella enfrentaba a las monjas. Si estaba en la cocina, sacaba comida para mi hermano menor, Albert. Recuerdo los latigazos, pero nada comparado con lo que sufrió Nora; ella sufrió por todos nosotros”. Nora pasó cinco años en la escuela.
Madre soltera
En 1955 Nora Bernard se casó con un hombre no indígena. Según la Ley India de 1876, ese matrimonio la despojó de su condición de "indígena", obligándola a abandonar la reserva donde había nacido y donde vivía su familia. Esa exclusión le causó un gran sufrimiento, pero no le impidió seguir ayudando a su comunidad mientras criaba a sus seis hijos.
Su hija Natalie testifica: “Una vecina le dijo a mi mamá que no tenía pañales para su bebé; mi mamá salió de inmediato a comprarle unos, a pesar de ser madre soltera de seis niños. Así era ella: compartía todo lo que tenía y siempre defendía a los que no podían defenderse”.
La mayor demanda colectiva de la historia canadiense
Con los años, Nora no olvidó lo que ella y su familia vivieron en la escuela residencial, ni las dificultades que seguían afectando a su pueblo. El maltrato y la pérdida de tierras dejaron a muchos ex‑estudiantes en situaciones de pobreza, alcoholismo, drogadicción, violencia y suicidio. Nora fundó y presidió una asociación dedicada a las víctimas de la escuela Shubenacadie, reuniéndolas, animándolas a romper el silencio y recopilando sus testimonios para buscar justicia.
En 1990 intentó iniciar acciones legales, pero ningún despacho aceptó el caso. No fue sino hasta 1996 que convenció al abogado John McKiggan de representar a las víctimas contra el gobierno federal. Cuando la denuncia se hizo pública, se desencadenó una ola de demandas similares en todo el país. En Canadá, 150 000 niños —aproximadamente el 10 % de los Mi'kmaq y el 30 % de los niños indígenas— asistieron a una de las 139 escuelas residenciales, la última de las cuales cerró en 1996.
Estas demandas se unificaron en una sola acción colectiva, convirtiéndose en la mayor de la historia canadiense. En 2006, el Acuerdo de Reconciliación de Escuelas Residenciales Indígenas (Indian Residential Schools Settlement Agreement) reconoció el daño causado a las comunidades indígenas y destinó dos mil millones de dólares en compensaciones a unos 79 000 víctimas: una media de 25 000 USD por estudiante, y hasta 250 000 USD para quienes pudieran probar abusos físicos o sexuales. Es el acuerdo más grande jamás alcanzado en una demanda colectiva en Canadá.
En diciembre de 2007 Nora recibió su indemnización, de 14 000 USD. Aunque la Ley India fue derogada en 1985, sólo en marzo de 2007 recuperó su derecho a vivir en la reserva. Días después de Navidad, el 22 de diciembre de 2007, fue encontrada asesinada en su hogar a los 72 años. Su nieto, James Gload, fue condenado por el crimen; al momento del hecho estaba bajo los efectos de varias drogas.