
Vida y contexto histórico
Felipe el Bueno, duque de Borgoña entre 1419 y 1467, fue hijo de Juan el Temerario. Tras el asesinato de su padre a manos de los armagnacs, Felipe se alineó con los ingleses, reconociendo al rey Enrique V como heredero del trono francés y enfrentándose al delfín.
En 1435, mediante el Tratado de Arras, restableció relaciones con Carlos VII, lo que le permitió ampliar su poder: anexó varias ciudades de la Somme (vendidas a Francia en 1463) y adquirió el condado de Luxemburgo en 1441. Asimismo, continuó la política de su predecesor, consolidando la administración y la influencia borgoñona.
Patrono de las artes y vida personal
Felipe fue un príncipe ilustrado y protector de las artes, conocido por su gusto por la buena mesa y su gran sensualidad; se le atribuyen alrededor de treinta amantes. A pesar de su temible ira, perdonaba con rapidez, lo que explica el apodo que la posteridad le concedió.
Reflexivo y rodeado de consejeros, siempre buscaba opiniones antes de tomar decisiones, lo que le valió una reputación de gobernante prudente y culta.