Alrededor del 3400 a.C. los sumerios crearon el primer sistema de escritura, la cuneiforme. Consistía en impresiones de cañas sobre tabletas de arcilla húmeda y servía para elaborar inventarios y registrar transacciones comerciales. Con los siglos, ese rudimentario registro evolucionó hasta convertirse en un sistema más complejo que dio origen al alfabeto. La escritura pasó de ser una herramienta administrativa a registrar códigos legales, crónicas históricas, textos religiosos y obras literarias, permitiendo a la humanidad transmitir pensamientos y conocimientos con una facilidad sin precedentes. Con la invención de la escritura, la humanidad se inscribe en la historia.
¿Una invención de la escritura?
Para distinguir claramente entre signos escritos y pictogramas, podemos definir la escritura, en sentido estricto, como "un sistema de símbolos gráficos que permite registrar y transmitir cualquier enunciado del lenguaje humano". En otras palabras, todo lo que puede decirse, puede escribirse, y viceversa. Si algo no cumple esa condición, no es escritura.
¿Se "inventó" la escritura bajo esa definición? ¿Quién lo hizo y en qué circunstancias? Para responder, debemos retroceder a las inscripciones cuya antigüedad está confirmada arqueológicamente y, una vez descifradas, reconocerlas como escritura. Si no se logra la lectura, la cuestión queda abierta.
Hoy podemos leer cuatro sistemas antiguos: la escritura cuneiforme sumeria (finales del IV milenio a.C.), la escritura egipcia (misma época), la escritura china antigua (finales del II milenio a.C.) y la escritura maya (siglo III d.C.). Otros sistemas, como el de la civilización del Indo o el de los cretenses, siguen sin descifrarse.
Los sistemas legibles comparten rasgos: tres surgieron de forma independiente en Mesopotamia, el norte de China y Mesoamérica; el egipcio parece haber recibido influencias sumerias.
Del rebus al nacimiento de la escritura
La arqueología muestra que los pictogramas precedieron a la escritura. En todos los casos, la práctica del rebus (uso de un signo por su valor fonético y no solo semántico) abrió la vía hacia la escritura propiamente dicha.
El rebus se basa en la distinción entre el valor semántico y el valor fonético de un signo. Por ejemplo, en francés la unión del dibujo de un gato y el de un grano se lee «chagrin». En sumerio, el signo pictográfico que representaba "planta" (pronunciado mu) se usó para la palabra "año" (también mu), luego como afijo posesivo "mi" y, finalmente, como cualquier sílaba mu.
Ese proceso muestra cómo se pasó del juego de homónimos a un elemento puramente fonético: la sílaba. En el caso egipcio, las vocales no se representaban, de modo que el rebus condujo a consonantes aisladas o a grupos de dos o tres (el búho = "m", el escarabajo = "hpr", etc.).
Si existe una verdadera "invención" de la escritura, se halla precisamente en la separación entre valor semántico y valor fonético de los símbolos. No obstante, esa distinción pudo emerger gradualmente, a través de pequeñas innovaciones acumulativas. Los sistemas basados en rebus son complejos: muchos signos se usan simultáneamente como logogramas (valor semántico) y como silabogramas (valor fonético). Por eso se les denomina escrituras "logo‑silábicas" (o "logo‑consonánticas" en el caso egipcio).
Historia de la escritura
Ya en el primer milenio a.C. las grandes civilizaciones habían desarrollado sistemas escritos para la administración, lo que indica que no hubo una única invención. Los registros más antiguos son inventarios de bienes hallados en tabletas de arcilla de Uruk (3400 a.C.). Más tarde, reyes inmortalizaron sus hazañas en monumentos de piedra y se consignaron mitos y creencias religiosas.
Los primeros sistemas utilizaban dibujos simplificados (pictogramas) que, con el tiempo, evolucionaron hacia signos fonéticos más complejos. Ambas tradiciones coexistieron, como lo demuestra la Piedra de Rosetta, descubierta a finales del siglo XVIII.
Los escribas mesopotámicos trazaban pictogramas con cañas afiladas sobre tabletas de arcilla húmeda, que luego se secaban: la cuneiforme. Los egipcios escribían sobre papiro, material obtenido de las orillas del Nilo. Los chinos grababan signos en huesos de animales. Los fenicios, alrededor del 1200 a.C., simplificaron todo hasta crear el primer alfabeto de unos treinta signos.
Los historiadores han descifrado gran parte de estas escrituras, aunque no todas. Los testimonios escritos iluminan la historia de las civilizaciones con tradición escrita, como la conquista de la Galia por Julio César (52 a.C.), conocida gracias a sus propios relatos.
Transmisión de ideas y conocimiento
En los siglos posteriores, la escritura alfabética se impuso: el alfabeto fenicio dio origen al griego, que a su vez influyó en el latín. Lo que empezó como una herramienta mercantil y legal se transformó en un potente medio para difundir saber y literatura, dando voz a autores, poetas y pensadores de la Antigüedad en todo el mundo.
Los instrumentos de escritura evolucionaron: de la caña sumeria y el pincel egipcio pasó la pluma de ave; la arcilla y el papiro fueron sustituidos por el papel, fabricado por los chinos a partir de corteza de árbol y, en Europa, a partir de trapos desde el Renacimiento. Innovaciones como la imprenta del siglo XV y la escritura cursiva facilitaron su difusión y accesibilidad.
Para profundizar
- La historia de la escritura, de Louis‑Jean Calvet. Plural, 2011.
- La fabulosa historia de la invención de la escritura, de Silvia Ferrara. Umbral, 2021.
- El nacimiento de la escritura, de Michel Renouard. Ouest‑France, 2015.