Hyacinthe Rigaud (1659‑1743) fue el pintor de retratos de la Corte francesa durante el Gran Siglo. Madame La Palatina lo describió así: «Hay un pintor aquí, Rigaud, que tartamudea tan terriblemente que le lleva quince minutos decir una sola palabra. Canta perfectamente y, al cantar, no tartamudea en lo más mínimo».
El retrato de Madame, conocida como La Palatina (1652‑1722)
En 1713 la princesa, que había prometido su retrato al consejero de Estado Monsieur Foucault, se vio obligada a posar durante horas, una verdadera tortura para ella. Además, tuvo que maquillarse y llevar la pesada indumentaria de corte, lo que le desagradó tanto que escribió: «Resulta difícil que me hagan el retrato porque no tengo la paciencia para posar adecuadamente».
En la obra, la señora está sentada en una silla de madera de nogal. En su mano derecha sostiene un velo negro, símbolo de su viudez, mientras que la izquierda reposa sobre una pequeña corona. Viste un vestido de brocado dorado, lleva un gran collar de perlas como cinturón y un manto con el fleur‑de‑lis sobre los hombros.
Madame quedó encantada con el resultado: «Me ha reproducido tan perfectamente que es asombroso; fea, enorme, pero con el rostro lleno de fineza y vivacidad». El rey, impresionado por el parecido y la magnificencia del trabajo, le dijo que deseaba que ella lo conservara y que se hiciera una copia para la persona a quien había destinado el retrato. Añadió que la obra honraba al autor y que siempre lo recordaría.

El retrato, de 144 cm por 112 cm, se imprimió en cuatrocientas copias y hoy se conserva en el museo de Berlín.