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Historia del chicle y su expansión mundial

Orígenes milenarios

El hábito de masticar resinas vegetales es mucho más antiguo de lo que sugiere la cultura popular. Ya en la prehistoria se hallaron restos de goma de corteza de abedul con marcas de dientes, lo que indica que los humanos la usaban como chicle.

En 2007 la arqueóloga británica Sarah Pickin descubrió en Finlandia occidental un trozo de goma de abedul con marcas dentales, confirmando su uso como chicle. Además, la resina de abedul contenía fenoles con propiedades antisépticas, lo que habría ayudado a tratar infecciones de las encías.

El chicle en la antigüedad clásica

Los griegos, hace unos 2 500 años, masticaban la resina de un árbol llamado mastic, una práctica que se extendió por el Mediterráneo.

El impulso estadounidense

En 1848 John Curtis lanzó al mercado el Pure Spruce Gum, el primer chicle comercializado. Décadas después, el inventor Thomas Adams Jr. obtuvo una resina mexicana proveniente de la sapodilla (o sapotizeiro en Brasil), conocida desde la época maya para refrescar la boca y estimular la saliva.

Adams popularizó la goma de sapodilla después de observar a una joven comprar parafina para masticar en una farmacia. Añadió licor para darle sabor, creando el primer chicle con aroma.

Innovaciones del siglo XX

En 1928 Walter Diemar desarrolló la receta del “bubble gum”, usando el único colorante alimentario disponible, un rosa intenso que se convirtió en la imagen icónica del chicle.

En 1950 apareció el chicle sin azúcar y, en 1996, el primer chicle con nicotina, destinado a reducir los síntomas de abstinencia en fumadores.

Difusión global después de la II Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial el ejército estadounidense repartió chicle a los soldados en los frentes de combate. Tras el conflicto, el consumo se extendió por todo el planeta, asociándose con la rebeldía juvenil de los años 50 y con las estrellas de Hollywood.

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